NADA MÁS QUE MÚSICA
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MANUEL ALCAINE

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"Nada más que música" es una sección del magacín cultural transmedia "Siéntelo con Oído" que producimos en Zaragoza y publicamos todos los jueves en nuestro blog: Https://www.sienteloconoido.es. Tiene un solo objetivo, entretener. Para ello vamos a contar con el mejor aliado posible, la música, nada más y nada menos. Por aquí pasarán grupos, cantantes, estilos, instrumentos, en fin, todo aquello que hace posible disfrutar del ruido más hermoso: la música.

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Nada más que música - Prince
NOV 5, 2024
Nada más que música - Prince
La MTV, la cadena que revolucionó la música en los 80 y que se había sacado de la manga el guitarrista de los Moonkes Michael Nesmith, llevó al éxito a nombres que destacaron del resto de forma inmediata y que nos exigieron a todos una especial atención. Uno de ellos fue Prince, El Principe, un artista que basaba su producción en la música de baile, un formato que le permitía cambiar de estilo en cada disco sin dejar de parecer innovador, algo que ya habían hecho en su día Dylan y David Bowie. El tipo tenía un ego que no cabía en todo el estado de Minnesota y una avidez de éxito y dinero similar. Lo consiguió todo. Cantante, multiinstrumentista, compositor, productor discográfico y actor, ganó numerosos premios y nominaciones, y es considerado, por unanimidad, como uno de los mejores músicos de su generación. Prince nació en el seno de una familia de músicos. Su madre, cantante de jazz y su padre pianista y compositor. Fue su padre precisamente el que le dio el nombre artístico de Prince, un apodo que él mismo había usado anteriormente. Con la ayuda de Owen Husney, un hombre de negocios de Minneapolis con el que Prince había firmado un contrato de gestión, llegaron a un acuerdo con la Warner Bros mediante el cual, Prince grabaría tres álbumes teniendo siempre el control creativo y retendría, además, sus derechos de publicación. El primero de estos álbumes fue “For you”, un trabajo en el que Prince escribió, produjo, arregló, compuso y tocó los 27 instrumentos de la grabación, excepto en “Soft and Wet”, Suave y húmedo. Este tema, que precisamente vamos a escuchar ahora, fue su primer sencillo y se lanzó el 7 de junio de 1978, el día en que el artista cumplía sus veinte años. El disco vendió 150.000 copias y todo empezó a rodar. Las comparaciones fueron espectaculares, grandes estrellas como Steve Wonder o Michael Jackson. Enseguida se puso en marcha la máquina de hacer dinero y se realizó un casting para componer una banda que le acompañara en directo. En 1979 lanzó su álbum Prince. En este trabajo se incluía un tema “¿Why you wanna treat me so bad?” que en ese momento pasó desapercibido pero que resumía todo aquello que le haría famoso: un bajo funk, un ritmo persistente de rock, voz soul en falsete y un uso destacado de la guitarra eléctrica. También, este tema, fue causa de controversia con su bajista André Cymone. Éste se había ocupado de todas las líneas de bajo y de algunas armonías vocales y, sin embargo, no aparecía reseñado en las acreditaciones. Si fue un error tipográfico, como alegó Prince, o no, no lo sabemos. Pero ahí empezaron sus roces. Pero bueno, a pesar de todo, en febrero de 1980 este álbum se convirtió en su primer disco en superar el millón de copias vendidas, y consecuentemente, su primer disco de platino. Tenía 21 años. El músico siguió publicando discos en los que cambiaba radicalmente de estilo. En el titulado Dirty Mind presentaba una imagen provocativa, aparecía en la portada en calzoncillos y con medias de mujer debajo de una gabardina. Las letras, extremadamente sexuales, se convirtieron en la pesadilla de los censores y, para cerrar el círculo, nuevamente omitió en los créditos el nombre del bajista André Cymone. En el siguiente álbum, Controversy, dio a su imagen una vuelta de tuerca. Precisamente por esta deriva, abandonó el grupo la teclista Gayle Chapman que fue sustituida por Lisa Coleman, una instrumentista con menos escrúpulos que la anterior. En 1982 publicó “1999”, su primer gran éxito popular y según críticos y los propios músicos, su primera gran obra maestra. La revista Rolling Stone lo considera el álbum más influyente de Prince. En él, cierra el estilo que poco más tarde sería conocido como sonido Minneapolis. Curiosamente, la canción que da título al disco, fue plagiada algunos años más tarde por Phil Collins. Pero bueno, la canción que le catapultó a las listas de éxitos fue el segundo sencillo, Little red Corvette Prince, ya lo hemos dicho antes, lo quería todo. A principios de la década de los 80, su posición en el mercado de la música se limitaba, que tampoco es poca cosa, a varios éxitos de R&B, vídeos musicales y alguna aparición en TV. Con este equipaje, se subió al tren del cine. Se empeñó y consiguió, en 1984, sacar adelante la exitosa Purple Rain, una película remotamente autobiográfica y de la que también era autor de la banda sonora. El álbum de esta banda sonora vendió más de 13 millones de copias en los EEUU y estuvo 24 semana consecutivas en el número 1 de la lista Billboard. Para comprender mejor el éxito de este trabajo basta repasar algunos datos:  La película recibió un Premio de la Academia a la mejor banda sonora de canción Original.  La película recaudó más de 250 millones de dólares en los Estados Unidos.  En un momento de 1984, Prince tuvo simultáneamente el álbum, el sencillo y la película en el número uno de sus respectivas listas en los EEUU. Fue el primer artista en conseguir esta hazaña.  El álbum Purple Rain ocupa el octavo lugar en la lista de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos publicada por la revista Rolling Stone. Hay tres canciones en el álbum que son de obligado cumplimiento. La primera, ”When doves cry”, Cuando las palomas lloran, primer sencillo del álbum y disco de platino. Otra de las canciones que no nos queda más remedio que escuchar es “Let’s go crazy”, Hagamos locuras, una canción que merece ser escuchada con atención. Empieza con una música de órgano que parece de funeral y sobre la que Prince hace un panegírico a “esto que se llama vida”. La canción va subiendo de tono por culpa de la batería y el bajo para llegar al climas con los solos de guitarra a cargo del propio Prince. Atentos. Y, por supuesto, la súper power ballad “Purple rain”. Su primera grabación fue en directo, en el club First Avenue de Minneapolis, aunque ha sido retocada para posteriores lanzamientos. Esta canción es un hito en la carrera de Prince, la cantaba en todos sus conciertos. Curiosamente la canción tiene un poco de historia porque, cuando Prince terminó su composición, le pareció que sonaba muy parecida a otra compuesta por Jonathan Cain. Lo comentó con él y éste, sin poner ningún problema, le dio su visto bueno. Así que, aquí está la famosa Purple rain. El 7 de abril de 2016 tuvo que suspender dos actuaciones programadas. Lo hizo con un comunicado aduciendo una gripe. Cuando se sintió mejor, el 14 de abril, dio la que, a la postre, sería su última actuación. Cuando volvía de esta actuación, su avión privado tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia para que Prince fuera tratado de una sobredosis. Por voluntad propia y contra el consejo de los médicos, abandonó el hospital al día siguiente. Ya en casa, se le vio haciendo compras y, brevemente, en una fiesta en la que manifestó encontrarse bien. El día 21 de abril, a las 09:43 h se hizo una llamada a urgencias para que se enviara un ambulancia de la casa de Prince, en Paisley Park. Los servicios de emergencia encontraron a Prince inconsciente y solo pudieron certificar su muerte. Se le declaró muerto a las 10:07 h. Se dio la circunstancia de que, en la escena, no había signos de suicidio o violencia, por lo que se diagnosticó la muerte de Prince como una sobredosis accidental de fentanilo. Tenía 57 años. Inmediatamente se desató la guerra por la herencia de Prince. Su hermana Tyka Nelson y sus cinco hermanastros presentaron la documentación pertinente para acreditar su derecho. Lo curioso del caso fue que también lo hicieron unas 700 personas que juraban por todos los santos ser hermanos de la estrella. Tras arduos análisis y pruebas de ADN, la herencia fue a parar a los auténticos hermanos del artista. Que cosas. Vamos con su música. Según las propias palabras de Prince, la canción Cream la escribió cuando se miraba al espejo. Desde luego, los cursillos de autoestima no estaban pensado para él. Por supuesto, nos queda mucho que decir sobre esta auténtica estrella de la música. Lo haremos en posteriores programas. Ahora tenemos que irnos y lo vamos a hacer escuchando “Delirious”, una canción en la que Prince nos cuenta como se está volviendo loco por una hermosa mujer. La canción está llena de connotaciones sexuales, lo suficientemente ocultas como para salvar la censura. Amigas, amigos, hasta la próxima.
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45 MIN
Nada más que música - Juan Perro (Cantos de ultramar)
JUN 29, 2022
Nada más que música - Juan Perro (Cantos de ultramar)
Nuestro invitado de hoy protagonizó con su grupo la música española de los años 80. Su evolución musical y personal le llevó a abandonar una fama consolidada, su participación en el negocio de la música e incluso, su propio nombre. Santiago Auserón pasó a llamarse Juan Perro. El Sr. Juan Perro, zaragozano, Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y Premio Nacional de las Músicas Actuales acaba de grabar un nuevo disco: Cantos de ultramar. Un trabajo en el que combina sonidos de ambos lados del Atlántico. Las canciones de este disco ya habían sido grabadas, solo con guitarra y voz, en su álbum anterior “El Viaje”. En esta ocasión se hace con formato de sexteto con músicos de jazz. Junto a Juan Perro encontramos Joan Vinyals a la guitarra, desgraciadamente fallecido no hace mucho, Isaac Coll, al bajo, Pere Foved a la bateria, Gabriel Amargant, saxo tenor y clarinete, David Pastor con la trompeta y el fliscornio. Todos ellos han conseguido un trabajo limpio, con la electricidad justa, tranquila pero con un punto que te hace sentir que estás ante una obra redonda. Antes hemos escuchado Agua de limón, ahora vamos a escuchar otro corte del disco: Ambar. Dedicada a la cerveza con sabor cubano. La familia Auserón, debido al trabajo del cabeza de familia, topógrafo, deambuló por varias ciudades españolas y a Santiago le tocó nacer en Zaragoza. Su padre trabajaba entonces para los militares de la base aérea norteamericana. Posteriormente pasó a trabajar como responsable del entretenimiento de los soldados de la base, lo que hizo que sus hijos estuvieran en estrecho contacto con la música que llegaba de los EEUU: Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Nat King Cole, Louis Armstron y, por supuesto el rock and roll. Tras pasar por la universidad, fundó el grupo Radio Futura que, de 1979 a 1992 lideró el mercado musical y lo que dió en llamarse la movida madrileña. A este grupo se le sigue considerando como uno de los mejores grupos de rock español de todos los tiempos. Buscando nuevos retos en su carrera, inició su andadura profesional en solitario. Y así nació Juan Perro. Vamos a escuchar un corte de este nuevo disco, creo que es el que mas matices jazzeros tiene: Luz de mis huesos. Juan Perro se dio a conocer en 1993 en la gira de Kiko Veneno y Juan Perro vienen dando el cante. A partir de este momento las grabaciones se sucedieron: Raíces al viento en el 95, Huella sonora en el 97, Mr. Hambre en el 2000, Cantares de vela en 2002, rodeado siempre de grandes músicos de rock, jazz, flamenco y son. Se codea y colabora con Compay Segundo, Kiko Veneno, Raimundo Amador, La Barbería del Sur, Malevaje, Pau Riba, Carlos Cano y tantos otros. Entre sus muchos trabajos y colaboraciones destacan los conciertos que dio entre 2005 y 2007 junto a la Original Jazz Orquestra del Taller de Músics de Barcelona con el espectáculo Canciones de Santiago Auserón, que, además, obtuvo el premio Max de las Artes Escénicas. Volvemos al disco: Arenas del Duero. Hemos citado antes a Compay Segundo y su estrecha relación con Auserón. Él mismo lo cuenta en una entrevista reciente: “Lo más importante para Compay era la música, por encima de todo. Tenía 86 u 87 años cuando le conocí. Era deslumbrante. Producía un sonido con luces de todo un siglo, lo aprendió de pequeño. Me lo mostraba con su guitarrita. Una como esa [señala una guitarra colgada en el salón de su casa]. Fue una de las dos primeras que trajo a España. Me dijo: "Te la regalo". Y cuando ya la tenía en mis brazos añadió: "Ahora tú me regalas 200 dólares". Era la conciencia musical del siglo XX. Sonaba con absoluta dignidad. Eso no es fácil. “ Compay Segundo, genio y figura. Seguimos con Cantos de ultramar. Escuchamos ahora De un país perdido. En esa misma entrevista que he citado antes, la que le hizo el periodista Fernando Navarro para el Pias Semanal, Auserón opina sobre el reguetón. A la pregunta del periodista sobre que opinión le merece el reguetón, una música que no solo ha llegado a España sino que ha conquistado el continente americano, Auserón responde, y transcribo literalmente: “Antes vino la lambada y mucho antes, pongamos por caso, el sucusucu. Entre esos géneros y el reguetón hay pérdidas de melodía y de flexibilidad rítmica. Después del reguetón vendrá seguramente otra forma de sonoridad robotizada. ¿Cómo se explica esa decadencia de los géneros populares? Por la electrónica y por el acceso al consumo de mucha gente que vive en el límite de la miseria, a menudo expatriados que no tienen acceso a otra cultura. Desde el punto de vista musicológico, el reguetón es la célula mínima de la síncopa negra reiterada hasta el infinito, como si para ciertos usos no hiciera falta más música. El baile con gestualidad sexual explícita tiene en África carácter ritual y está extendido por todo el Caribe. Lo llaman perreo, pero oiga, ¡hay perros con más tumbao! De la pista de baile jamaicana, esa síncopa emigra a la discoteca latina. Los indígenas americanos no la practicaban. Una apropiación latina de la música negra se pone así de moda, en ambientes donde la violencia, el sexismo machista, la ostentación, el narco y las pistolas son considerados como valores supremos. Ahí adquiere prestigio provocador y los medios de comunicación la transforman en mercancía internacional. Todo eso recuerda el proceso de otras músicas negroamericanas, pero esta vez reducido a la mínima expresión. Es un fenómeno interesante, a la vez que amenazador, porque con él emergen las capas sociales olvidadas de América. Llevado a la música popular y comercial y la discoteca es basura sonora. Pero no olvidemos que nuestros abuelos decían lo mismo del rock. ¿Qué ocurrirá cuando intérpretes, productores y consumidores del género empiecen a necesitar otra cosa?. Me alegro de que me haga esta pregunta. Bueno, esto lo he dicho yo. Más Cantos de ultramar, en este caso El desterrado. Juan Perro es una “rara avis” dentro del panorama musical español. Cuando el triunfo le venía de cara con su grupo, lo dejó todo para seguir su carrera en solitario con la que, sin renegar de su pasado, descubrir y profundizar músicas más allá de nuestras fronteras. No fue fácil, pero el cansancio había hecho mella en todos los componentes y se bajaron del carro. Pero esta actitud no es gratis. La TV y otros medios te dan la espalda si no entras en su formato. A pesar de todo, no parece que este riesgo le haya supuesto mayor problema a Juan Perro y, aunque gana menos dinero que con su mítica banda, la aventura le ha merecido la pena. Preguntado sobre la posibilidad de una nueva etapa con Radio Futura siempre ha sido categórico. No. Dice: “Con la vuelta de Radio Futura destrozaríamos nuestras vidas, lo que quede de nuestras vidas. A estas alturas no merece la pena.” Y todo esto a pesar de que varios promotores y organizadores de festivales, tanto españoles como Mexicanos, se lo han propuesto en numerosas ocasiones poniendo encima de la mesa unos cheques muy sustanciosos. Seguimos con sus Cantos de ultramar. Esto es El viaje. Para Juan Perro, visitar Cuba una y otra vez es como una religión que le permite ver el camino que le acercará, tarde o temprano, a músicas futuras pero dotadas de sólidos cimientos. La isla es un punto intermedio de ida y de vuelta en ese viaje interminable en busca su propio Shangri-la musical. Llegó a La Habana en 1984 y la ciudad lo recibió con los brazos abiertos y un cóctel de músicas, pregones, rumba, ron y algarabía callejera. Visita el resto de país y descubre que las tradiciones siguen vivas, las importadas y las autóctonas. Santiago de Cuba le muestra que la trova y el son no fueron modas, sino más bien, latido constante de una cultura y nación que sabe de donde viene, y preserva sus valores para decidir a donde va. Y, como no podría haber pasado de otra manera, se enamoró de la isla. Y en esto mucho tuvo que ver su amistad con el tresero Pancho Amat y el legendario Francisco Repilado “Compay Segundo”, y otros artistas cubanos que le ayudaron a sondear la vasta riqueza musical de la isla desde la que pudo fusionar las armonías del rock and roll y el blues con la cadencia del son. Un ejemplo: A morir de amores. El tiempo, cuatro años al menos, y el mimo invertidos en la creación de este disco se han traducido en una edición cuidadísima, culta y, consecuentemente, fabulosa. Auserón conserva su voz admirablemente y siegue siendo tan moldeable como él quiera. Seguramente no volverá a llenar estadios como lo hacía en otro tiempo pero, también en eso, hemos ganado. Un gran disco, un gran trabajo y un gran artista. Nos vamos. Lo hacemos con otro corte de este estupendo Cantos de ultramar. El tema se llama Nada Y como siempre… ¡Buenas vibraciones!
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43 MIN
Nada más que música - Héroes del Silencio
JUN 15, 2022
Nada más que música - Héroes del Silencio
Un día más vamos a repasar un poco de la historia de la música, en este caso española, y para más precisión, zaragozana. Este programa estaba en deuda con el grupo más internacional que ha dado esta ciudad. Por supuesto, nos son otros que Héroes del Silencio. Hoy saldaremos esta deuda. Esto ha sido “Apuesta por el rock and roll”, un corte de Rarezas, uno de sus discos recopilatorios. Pero para Héroes del Silencio todo terminó el 10 de febrero de 1996, en una habitación de hotel de Tijuana, México. Enrique invitó inesperadamente a sus compañeros a una reunión y, ante su sorpresa, puso encima de la mesa un par de folios, escritos por las dos caras, en los que se resumía el futuro “modus operandi” que el grupo debería asumir desde ese momento. El mensaje era imperativo y no dejaba lugar a dudas: no más guitarras eléctricas, canciones cortas, obligatoriedad para todos de investigar en las nuevas tecnologías, … Juan Valdivia, guitarrista de la banda, se levantó y se fue. Punto y final. Claro que, para llegar a este punto, habían pasado muchas cosas. Nos remontamos a 1980, ciudad de Zaragoza. Pedro y Juan Valdivia, batería y guitarra respectivamente, comenzaron a dar sus primeros paso en el mundo de la música, junto con su primo Javier Guajardo, cantante, formando el grupo de pop Zumo de vidrio. Era la época de la movida madrileña donde cortaban el bacalao grupos como Alaska y Dinarama, Radio Futura, Nacha Pop, Gabinete Galigari o Los Secretos. Del extranjero nos llegaban músicas diversas como Michael Jackson, The Police o Dire Straits. En este contesto nació el proyecto Héroes. Entre dos tierras, quizá su mayor éxito. Al poco tiempo, entró en escena Enrique Ortiz de Landázuri, más tarde conocido como Enrique Búnbury, que por entonces tocaba el bajo y cantaba en Proceso Entrópico y le invitaron a unirse al proyecto. Con formato de trío, el cantante anterior ya había abandonado la banda, comenzaron sus primera actuaciones y grabaron su primera maqueta. Las nuevas canciones tenían un estilo oscuro y simbólico, con claras influencias post punk, muy distinto al pop de Zumo de Vidrio, así que decidieron cerrar esta etapa y empezar de cero. En 1985, se incorporó al trío un nuevo bajista, Joaquín Cardiel, para que Bunbury se dedicara a cantar con más libertad. También por esas fechas abandonó el grupo Pedro Valdivia para centrarse en sus estudios y fue sustituido por el bateria zaragozano Pedro Andreu. Y con todos estos movimientos, se completó la banda, una banda que… todavía no tenía nombre. Maldito duende. El nombre llegó, como suele pasar casi siempre, por azar. Estaban promocionando su primera maqueta y tenía que acudir a una entrevista en Radio Zaragoza y seguían sin nombre. Alguien sugirió “Héroes del Silencio”, el título de una de sus canciones, que posteriormente cambiaron por Héroe de leyenda, y la idea gustó a todos y así quedó la cosa. A partir de este momento, todo se aceleró: ganadores de la fase regional del Festival de Benidorm, finalistas del concurso “Nuevo Pop Español”, bombazo en las Fiestas del Pilar y primeros contactos con los ejecutivos de las discográficas. Uno de ellos, Gustavo Montesano, productor y guitarrista de Olé Olé, se acercó a Zaragoza para verles en directo y quedó impresionado e inmediatamente se los recomendó a la multinacional EMI. A pesar de todo, EMI no lo tenía del todo claro y decidió empezar con un EP con cuatro temas que se grabó a finales de 1987. El trabajo vendió 30,000 copias, un récord absoluto para un lanzamiento debut. Con las cosas un poco más claras, la discográfica se atrevió ya con un nuevo lanzamiento, un LP que Héroes tuvo que componer en tiempo récord para publicarse en octubre de 1988. El mar no cesa fue disco de platino y vendió más de 150,000 copias. En la gira correspondiente, Héroes del Silencio dejó definitivamente constancia de su calidad y de la contundencia de sus directos. De su álbum El mar no cesa, Mar adentro. La fortuna les sonrió cuando en un concierto, en Calatayud concretamente, les escuchó el productor Phil Manzanera, antiguo guitarrista de Roxi Music. Que por cierto, ¿que coño hacía Phil Manzanera en Calatayud?. Bueno, fuera como fuese, y convencido de su valía, les propuso producir su próximo álbum, así que, en septiembre de 1990 volvieron a encerrarse en el estudio para grabar Senderos de traición. Lo hicieron a caballo entre Madrid y Londres. Algunos de los temas ya los habían tocado en gira y los tenían rodados pero otros, compuestos hacía ya tiempo, fueron retocados y mejorados para la grabación. El resultado fue un disco potente que dio una vuelta de tuerca a la trayectoria de la banda. Temas como “Entre dos tierras” o “Maldito duende” barrieron en las listas y se vendieron más de 400.000 copias. Durante la gira de presentación, “Tour Senda” dieron 140 conciertos por toda España y también hicieron una minigira por Alemania, Suiza, Bélgica y Francia. De esta visita a Europa les quedaron las ganas de volver, y lo hicieron al año siguiente, en 1992, realizando 54 conciertos por diversos países europeos. También cruzaron el Atlántico y tocaron en México aunque fue menos satisfactorio su trabajo debido al ambiente relativamente hostil por celebrarse en esas fechas el V Centenario del descubrimiento de América. Lo que si les sirvió fue conocer al guitarrista Alan Boguslavsky que, a la postre, se uniría al grupo. De su álbum El espíritu del vino, La sirena varada. En 1993, nuevamente de la mano de Phil Manzanera, volvieron al estudio para grabar el que sería su tercer álbum: El espíritu del vino. Grabado íntegramente en Londres, es el trabajo más complejo y enigmático del grupo. “Nuestros nombres” o “La sirena varada” son algunos de los temas que completan el disco. Como era de rigor, nada más publicar el álbum se embarcaron en la gira El camino del exceso por Europa y América con un total de 134 conciertos en los que ya estaba el nuevo fichaje, el guitarrista mexicano Alan Boguslavsky. Por estas fechas se produjo una anécdota, protagonizada como no por Bunbury. La banda fue recibida en audiencia por el Príncipe Felipe que se había declarado admirador del grupo por su música y por la difusión del idioma castellano por todo el mundo. Cuando terminó la recepción y fueron preguntados por la prensa, Enrique manifestó que él era antimonárquico. Y se lió. Pero, bueno, este año 1993 fue también el de su definitivo reconocimiento internacional. Su participación en un festival en Berlín contra el racismo los colocó en la cresta de la ola en Alemania. Vendieron allí 250.000 copias de disco y fue núm. 1 en ventas, cosa que también paso en España, México y Suiza. Pero la gira fue dura y pasó factura. Y es que, además de Europa, en Latinoamérica dieron, en dos meses, 26 conciertos en México, Chile y Argentina. Así que, al finalizar el tour, la banda se dio unas vacaciones. Los excesos y la duración de la gira habían dañado seriamente la convivencia de los miembros de la banda y se encontraban en medio de una importante crisis interna. Avalancha, del álbum del mismo nombre. Con la ilusión de salvar este matrimonio a cuatro bandas que empezaba a hacer aguas por todas partes, la banda se retiro a la montaña para discutir y planificar su futuro y su nuevo disco. Como pasa en todos los equipos de fútbol, cambiaron a todos menos a los jugadores. Cambiaron al productor, cambiaron al mánager e incluso a su diseñador gráfico. Y acertaron. Bob Ezrin, conocido por su participación en grandes álbumes como Pink Floyd, Alices Cooper, Loy Reed y Kiss, entre otros, se hizo cargo de la situación y en tres meses, entre Londres y Los Angeles, grabaron su cuarto álbum de estudio: Avalancha. El disco fue un éxito absoluto y vendió más de 200,000 copias. Como es habitual, a la promoción del disco siguió una gran gira que fue la puntilla en las deterioradas relaciones entre los miembros del grupo. Esto es Héroe de Leyenda, el que fuera primer sencillo de la banda. Esta gira fue realmente una macrogira. Empezó en julio de 1995 para terminar en Octubre de 1996: 152 conciertos repartidos por Europa y América. La convivencia y el cansancio proporcionó momentos muy difíciles e hicieron crecer las desavenencias internas de la banda. Durante la gira, Bunbury empezó a componer y grabar nuevos temas sin tener, para nada, en cuenta al resto de Héroes y haciendo ver que su futuro ya no pasaba en la banda. Como guinda del pastel, su último concierto, que se celebró en Los Angeles el 6 de octubre de 1996, tuvo que ser suspendido por que el público empezó a tirar botellas y objetos al escenario. Estaban cabreados por unas declaraciones despectivas de Bunbury acerca de las mujeres mexicanas. Antes de acabar la gira, en una rueda de prensa celebrada en Lima comunicaron su separación temporal. También del álbum “El espíritu del vino”, El camino del exceso. Héroes todavía tenia contrato en vigor con la discográfica, y estaban obligados a publicar cinco discos más. En el 98 publicaron Rarezas, una álbum con versiones inéditas de algunos temas y de otros que solo habían sido publicados en sencillos. Hasta 2007, EMI publicó otros cuatro discos más con material antiguo o reinterpretado e incluyendo DVDs de conciertos. Y los Héroes… cada uno por su lado. Bunbury inició su exitosa carrera en solitario. Alan Boguslavsky colaboró en el primer disco en solitario de Bonbury y después formó su propio grupo: Bogusflow, pero duró poco. Juan Valdivia colaboró con su hermano Gonzalo en algunos proyectos, e incluso lanzó su propio álbum, Trigonometralla, en 2001. Pedro Andreu se embarcó en algunos proyectos musicales que no tuvieron mucha repercusión. Joaquín Cardiel, por su parte, se alejó del panorama musical y realizó algunos viajes para conocer en primera persona el mundo de los indios americanos. Y así finalizó la exitosa carrera de un gran grupo. De este disco, Rarezas, vamos a escuchar “Virus”. Una oferta que no pudieron rechazar les llevó a preparar, diez años después de su separación una gira de despedida. Para sacar el asunto adelante se contó con varios patrocinadores: Expo Zaragoza 2008, el Real Zaragoza (je, je, … eran otros tiempos), y el Ayuntamiento de Zaragoza. El grupo se puso a la faena y, como Juan Valdivia había sido operado recientemente de una mano, llamaron a su hermano Gonzalo como segunda guitarra para que participara en la gira. Cuando las entradas se pusieron a la venta se desató la locura. En Sevilla, Zaragoza y México DF se vendieron en tiempo récord y las colas en los puntos de venta todavía se recuerda. Para liarlo todo un poco más, en el concierto que cerraba la gira en Cheste, por una mala previsión, se produjo un caos circulatorio durante más de cuatro horas, y 20 Km de retenciones impidieron que miles de seguidores llegaran al concierto. Al terminar la gira, Bunbury confirmo el final definitivo de la banda y el inicio de su carrera en solitario. Y ahora si, aquí terminó todo… de momento. Esta canción grabada en directo bien pudo sonar aquella noche. El Estanque. Y en olor de multitudes nos vamos. Hasta una próxima entrega de Nada más que música. Y ya sabéis que, entre tanto… os deseo unas muy ¡¡¡buenas vibraciones!!!
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59 MIN
Nada más que música - Stan Getz y The Oscar Peterson Trío
MAY 25, 2022
Nada más que música - Stan Getz y The Oscar Peterson Trío
Hoy vamos a repasar un gran disco, el que grabaron en estudio Stan Getz y The Oscar Peterson Trío en 1.958. En el trío de Peterson militaban el guitarrista Herb Ellis y el bajista Ray Brown. El año anterior, en 1957, el productor Norman Granz estaba tratando de emparejar al legendario trió sin batería de Oscar Peterson con grandes figuras del jazz. El elegido fue Stan Getz porque pensó, con acierto, que de esta conjunción saldría algo bueno. Y ya lo creo que salió. La base rítmica que proporcionan la guitarra y el bajo, permite que el piano de Peterson desarrolle toda su técnica y que el saxo de Stan suene tan cálido como acostumbra. El disco empieza con una vibrante versión de I want to be happy, “Quiero ser feliz”, una partitura que Vincent Youmansy escribió para el musical de 1925 No, No, Nanette. Stanley Getz nació el 2 de febrero de 1927 en Filadelfia y ha sido catalogado por el crítico musical Scott Yanow como “uno de los grandes saxofonistas tenores de todos los tiempos”. Sus orígenes eran de lo más diverso. Su madre había nacido en Filadelfia, su padre en Londres, sus abuelos paternos eran originarios de Ucrania y habían tenido que salir huyendo para no caer en los pogromos anti-judios que se estaban produciendo en el imperio ruso. Durante la Gran Depresión la familia Getz se mudó a Nueva York y fue allí donde el jovencito Stand empezó a interesarse por los instrumentos musicales y tocó varios de ellos hasta que su padre le compró su primer saxofón a la edad de 13 años. Y con él, empezó a practicar nueve horas al día. Esta dedicación le permitió ser aceptado en la All City High School Orchestra de Nueva York. Con 16 años se unió a la orquesta de Jack Teagarden y empezó su carrera profesional. También tocó con Nat King Cole, Lionel Hampton, Jimmy Dorsey y Benny Goodman. Después de tocar con los mejores, decidió dar el paso y formar su propio grupo, pero, al mismo tiempo, empezó también su relación con la heroína. Getz se había casado cuando era prácticamente un adolescente y estaba bastante metido en las drogas. De hecho, fue detenido en 1954 por intentar robar una farmacia para conseguir morfina. Este primer matrimonio se deshizo y sus tres hijos fueron recogidos, con el tiempo, por la segunda esposa de Stan con la que tuvo dos hijos más. La nueva pareja se había trasladado a Copenhague, sobre todo para escapar del mundo de las drogas, tan asequible en aquellos días en Estados Unidos. A pesar de todo, Stan volvió a las drogas y su esposa le abandonó y se volvió a Suecia donde vivían sus padres. Para que volviera con él, Stan le envió una copia de lo que sería su siguiente trabajo Jazz Samba y le prometió que a partir de ese momento se mantendría sobrio. Su esposa volvió con él pero solo sería el inicio de un largo recorrido de encuentros y desencuentros que solo terminó cuando, en 1987 le diagnosticaron un cáncer terminal que acabó con su vida el 6 de junio de 1991. I’m glad there is you es una canción escrita por Yimmy Dorsey, que se publicó por primera vez en 1941 y que se ha convertido en un estándar del jazz. Por su parte, Oscar Peterson, la otra columna que sostiene esta estupenda obra, nació el 15 de agosto de 1925, en Montreal, y fue un virtuoso del piano, el “Maharaja del teclado”, como le llamaba Duke Ellington. Peterson, que se crió en un barrio predominantemente negro, se encontró pronto con la cultura del jazz. Sus primeras clases de piano las empezó a recibir a los siete años impartidas por su padre, músico aficionado, y su hermana. A los nueve años Peterson ya tocaba perfectamente y a los catorce ganó el concurso nacional de música organizado por la Canadian Broadcastin Corporation. Y, a partir de aquí, se convirtió en pianista profesional. Tenía por entonces un programa de radio semanal, tocaba en hoteles y salas de músico, orquestas, trios y es que, aunque su formación había sido clásica, sus tendencias gravitaron pronto hacia el boogie-woogie y el swing. Oscar Peterson había conseguido una reputación como un pianista técnicamente brillante y melódicamente creativo. Norman Granz, al que ya conocemos por su relación con nuestros dos invitados, se hizo cargo de su representación. Su primer contrato, presentación de Peterson en la ciudad de Nueva York en un concierto de Jazz en la Filarmónica en el Carnegie Hall. A partir de aquí, toco siempre con los mejores pero cabría destacar su colaboración con Stan Getz con el guitarrista Joe Pass. Fue en esta época, 1974, cuando ganó el Premio Grammy a la Mejor Interpretación de Jazz por un grupo. El álbum se llama The Trío. Vamos a escuchar ahora una mezcla de baladas, incluidas en este disco, en las que los cuatro músicos dejan de manifiesto su cualidades interpretativas. Ballad Medley Nuestro amigo no fue un derroche de salud que digamos. Peterson padecía de artritis desde su juventud, una enfermedad que para un pianista resulta letal. Siempre fue obeso, lo cual empeoraba la situación. Fumaba mucho y cada vez que intentaba abandonar al habito engordaba un poco más. Tuvo que ser operado de la cadera y ésto todavía empeoró su movilidad. Para terminar de arreglarlo, en 1993 sufrió un derrame cerebral que debilitó su lado izquierdo y le retiró de escena durante unos años. Aunque recuperó cierta habilidad en su mano izquierda, su destreza en la forma de tocar el piano se vio sensiblemente mermada. Su estilo pasó a basarse principalmente en su mano derecha. Volvió a escena en 1995 y aún recibió el Grammy Lifetime, por sus contribuciones creativas en el campo de la grabación. En 2007 su salud se vino abajo. Canceló sus planes de actuar en el Festival de Jazz de Toronto y en un concierto de estrellas del Carnegie Hall que se iba a dar en su honor. Peterson murió el 23 de diciembre de 2007 de insuficiencia renal en su casa en Mississauga, Ontario. Vamos a escuchar ahora Tour’s end, una canción compuesta por el propio Stan Getz. Es evidente que durante la grabación de este trabajo, los cuatro músicos se encontraban en estado de gracia. No hay un solo compás que desmerezca. Saxofón, piano, guitarra y bajo. No hace falta nada más. Bueno amigos, nos vamos a despedir de estos cuatro genios y del programa de hoy con otro número de su álbum: Three little words, en este caso compuesta por Oscar Peterson. Nos vemos y nos oímos dentro de quince días, hasta entonces… ¡¡¡Buenas Vibraciones!!!.
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Nada más que música - Nina Simone
MAY 11, 2022
Nada más que música - Nina Simone
Bueno, pues hoy vamos a dedicar nuestro espacio a una cantante, compositora, pianista, arreglista, activista por los derechos civiles y, por encima de todo, una gran mujer. Interprete de una amplia gama de estilos musicales que van desde la música clásica al jazz pasando por el blues, folk, R&B, gospel y el pop. Había nacido en el seno de una familia pobre y negra en Tryon, Carolina del Norte. Sexta de ocho hermanos, empezó a tocar el piano a los tres o cuatro años demostrando ya un gran talento para la música. Su primer concierto, a los doce años, marcó su deriva política posterior. El incidente ocurrió cuando sus padres, que habían ocupado los primeros asientos del auditorio para escuchar a su hija, fueron desalojados al final de la sala para dejar sus asientos a personas blancas. La niña dijo que, o trasladaban a sus padres a la primera fila o no tocaba. Por supuesto, sus progenitores volvieron a sus asientos y dio comienzo el concierto. La madre era ministra metodista en su tiempo libre y sirvienta a tiempo completo. Su padre, también reverendo, tenía un negocio de limpieza en seco pero su mala salud le dejaba fuera de juego durante largos periodos. No lo he dicho ¿verdad?, bien pues estamos hablando de Nina Simone. A pesar de todos los impedimentos que tuvieron que sortear, apoyada por su primera profesara de música y también de un fondo local para la educación y de diversas becas, la joven Nina pudo graduarse. Su objetivo era entrar en el Curtis Institute of Music de Filadelfia pero su solicitud fue denegada. Solo tres de los setenta aspirantes lo consiguieron ese año. Fue un duro golpe porque su familia se había trasladado a Filadelfia esperando su ingreso en la importante escuela. Siempre pensó que había sido rechazada por cuestiones racistas pero el instituto lo ha negado sistemáticamente. Tampoco pudo volver a intentarlo porque el Curtis no aceptaba alumnos mayores de 21 años. Curiosamente, unos días antes de su muerte, en 2003, el instituto le otorgó un título honorífico. Así que, desanimada, Nina Simone se dedicó a trabajar como asistente de un fotógrafo, simultaneando esta actividad como acompañante al piano en una academia de canto y dando clases particulares. Al poco, le llamaron para actuar en un bar en Atlantic City, cuyo propietario insistió en que cantara y tocara el piano. Fue allí donde adoptó el nombre artístico de ·”Nina Simone”. Nina por “Niña”, apodo que le había puesto su novio de entonces y Simone por la actriz francesa Simone Signoret de la que era admiradora. Este cambio de nombre también estaba motivado porque sabía que su madre nunca aprobaría que su “niña” tocara la música del diablo. Así que tenía que pasar desapercibida. La mezcla de jazz, blues y música clásica de Simone en sus actuaciones en el bar le valió una pequeña pero leal base de fans. En 1958 conoció a Don Ross, un trotamundos que trabajaba en las ferias invitando a gritos a la gente para que entrara en su espectáculo. Pero pronto se arrepintió de su matrimonio. Estaba trabajando por pequeños clubs cuando le ofrecieron grabar una de las canciones de la opera Porgy and Bess que se aprendió escuchando la que ya había realizado Billie Holiday. Fue un éxito y récord de ventas pero como había vendido todos los derechos del álbum por 3.000 dólares, no recibió ni un céntimo por los derechos, ni en ese momento ni nunca. A pesar de su mala cabeza para los negocios, su popularidad fue creciendo y firmó un contrato con Colpix Records que le permitió grabar una gran cantidad de álbumes de estudio y en directo. El estudio le cedió todo el control creativo, incluida la elección del material que se grabaría, a cambio de que ella firmara el contrato con ellos. El disco Nina Simone at Town Hall le abrió las puertas de Nueva York y se convirtió en la artista favorita de Greenwich Village, el barrio bohemio y artista de la gran manzana. Vamos a escucharle precisamente en una de sus actuaciones en directo, Ain’t got no – I got life. Por esta época, Simone tocaba música pop solo para ganar un dinero que le permitiera continuar sus estudios de música clásica y le era indiferente tener un contrato de grabación o no. Y esta fue una actitud hacia la industria discográfica que mantuvo durante la mayor parte de sus carrera. Disuelto su primer matrimonio, en 1961 volvió a casarse; en esta ocasión con un detective de la policía de Nueva York, Andrew Stroud. Al poco tiempo se convirtió en su mánager y en el padre de su hija Lisa. Desgraciadamente, el tipo terminó abusando de Nina, psicológica y físicamente. En 1964, cambió su compañía discográfica Colpix por la holandesa Philips Records y esto supuso un cambio en el contenido de sus grabaciones. Hasta ahora siempre había incluido en sus trabajos referencias a su herencia afroamericana pero en el primer disco con Philips, por primera vez abordó la desigualdad racial en los Estados Unidos. Desde luego que motivos no le faltaban. Esta actitud más beligerante, como no podía ser de otra manera en los Estados Unidos, le supuso el boicot a su música en algunos de los estados del sur. Mucha copias de sus discos fueron destrozadas en una emisora de radio de Carolina y devueltas a la compañía discográfica. Este momento de su vida fue clave en su activismo por los Derechos Civiles y se convirtió en parte fundamental de sus conciertos y trabajos discográficos. A medida que su activismo político aumentaba, su carrera artística se ralentizaba. Y es que, este activismo no era de fachada. Al igual que Malcolm X, su vecino en Mount Vernon, estuvo en las marchas de Selma a Montgomery, famosas por la represión que la policía aplicó en unas manifestaciones pacíficas que acabaron con un montón de muertos, apoyaba en nacionalismo negro e incluso abogó por la revolución violenta en contra del discurso de Martin Luther King Jr., del que, por otro lado, era un buena amiga. Al reflexionar sobre este período, dejó anotado en su autobiografía: “Me sentí más viva entonces de lo que me siento ahora porque me necesitaban, y podía cantar algo para ayudar a mi gente”. Nina Simone y su éxito Mr. Bojangles. Su compromiso con el activismo en pro de los derechos civiles no le salió gratis. Según sus propias palabras, “la industria de la música la castigó boicoteando mis discos”. Molesta y decepcionada abandonó los Estados Unidos en septiembre de 1970 en dirección a Barbados. Esperaba que su esposo y gerente se comunicara con ella para cuando tuviera que actuar nuevamente. Lamentablemente, su esposo y agente, el Sr. Stroud, que además estaba a cargo de los ingresos de la artista, interpretó su escapada como una solicitud de divorcio. Cuando Simone regresó a los EEUU, se encontró con la sorpresa de que había una orden de arresto contra ella por impago de impuestos, así que nuevamente salió por piernas a Barbados donde permaneció bastante tiempo. Fue su amiga, la también pianista y cantante, Miriam Makeba la que le convenció para que se fuera a vivir a Liberia. Y lo hizo. Cuando su hija Lisa se reunió con ella, su relación fue nefasta debido a sus incipientes problemas mentales, hasta el punto de que Lisa abandonó a su madre para irse a vivir con su padre. La carrera de Nina Simone, a la vez que su salud, se estaban desmoronando a paso agigantados. Vamos a oírla ahora en un tema de George Harrison, Here comes the sun. En la década de 1980, Simone actuó regularmente en el Ronnie Scott’s Jazz Club de Londres. Y, aunque su estilo inicial sobre el escenario era algo altivo y distante, poco a poco Nina Simone parecía disfrutar de interactuar con su público, contando anécdotas sobre su carrera e incluso solicitando que le pidieran canciones para interpretar. Durante esta época vivió en todas partes y en ninguna. Liberia, Barbados y Suiza para terminar en París. Allí actuó regularmente en un club de jazz llamado Aux Trois Mailletz donde prácticamente no le pagaban nada. Estas sesiones fueron brillantes en ocasiones para, en otras, derrumbarse a los quince minutos. A menudo estaba demasiado borracha para estar en un escenario y se enfadaba con el público y les insultaba. La situación se hizo tan insostenible que unos amigos tuvieron que intervenir. Por mediación de estos amigos, se trasladó a Holanda y se instaló en un apartamento vigilada por uno de ellos para que se relajara y pudiera volver a la normalidad. Definitivamente fue diagnosticada con “Trastorno bipolar”. Con la medicación apropiada, su vida comenzó a mejorar y se trasladó a Amssterdam, pero, finalmente, y tras unos años tratándose un cáncer de mama, falleció el 21 de abril de 2003. Vamos a escuchar la versión que hace Nina Simone del éxito de Leonard Cohen, Suzanne. Nina Simone fue sin duda hija de la generación que cuestionó la humillación racista, que señaló sin temor la supremacía blanca y abrazó la causa del pueblo negro. También fue una mujer atormentada, victima de los abusos físicos y mentales de su marido, al que solo abandonó cuando decidió autoexiliarse, y una mujer resentida por no haber podido conseguir su sueño de ser concertista clásica. Si tuviéramos que usar una sola palabra para definir a Nina Simón, seguramente sería “corrosiva”. Llena de contradicciones, se convirtió en la voz de la defensa de los derechos civiles y contra el racismo pero vivió en silencio la opresión “invisible” que sufría muchas mujeres, incluida ella. Feeling Good. Ella dijo: “¿Cómo puedes ser artista y no reflejar tu tiempo”?. Y por eso entregó su talento al servicio de su pueblo, perseguido y oprimido por el racismo salvaje de la época, y que, al parecer, no ha cambiado tanto. Y así fue durante toda su vida. Una vida plagada de problemas ocasionados por su militancia y por su salud mental. Problemas, por otro lado, que no impidieron que nos dejara un más que brillante legado artístico: más de cuarenta álbumes sin desperdicio. Una vida, su vida, que fue el combate de una mujer que luchó por la libertad de su arte y su música y su identidad como afroamericana. Un conflicto íntimo de una creadora que tuvo que hacer frente a sus propias contradicciones, como estrella y como artista comprometida. En mi opinión, una gran mujer. Nos despedimos de ella con una canción que dedicó a Martin Luther King: ¿Why? (The king of love is dead). En su presentación, ésta es una versión grabada en directo, nos dice: “Una vez en este planeta tierra vivió un hombre de humilde nacimiento predicando amor y libertad para su prójimo. Estaba soñando con un día en el que la paz vendría para quedarse.” Se nos acabó el tiempo, nos vamos y lo hacemos con un sabor agridulce en la boca: haber disfrutado de la buena, muy música de Nina Simone por un lado y, por otro, haber conocido o recordado la azarosa y trágica vida de una luchadora. Seguro que no fue en vano. Amigos, nos oímos dentro de quince días aquí, en Sienteleconoido.caster.fm, tu emisora de cabecera. Hasta entonces… “Buenas vibraciones”.
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