<p>La resurrección de Cristo transformó el curso de la historia; muchas cosas cambiaron para siempre, como el dominio del pecado y de la muerte, pero hubo algo que permaneció inalterable: su tierno amor por sus discípulos. Después de atravesar el abandono, el Calvario y la tumba para recobrar su gloria, el Señor no regresó con una actitud distante o de reproche, sino con la misma ternura de siempre. Como fue con ellos al principio, lo sería también ahora: cercano y amigable. Aunque la resurrección está ampliamente documentada en el Nuevo Testamento, el relato de Juan 21 destaca por estasingularidad: es un encuentro casual y profundamente cotidiano. Aquí el Señor no aparece para dar pruebas, ordenanzas o discursos; tampoco para reprender, sino para encender unas brasas y traer aliento a unos discípulos desorientados. ¡Su amor permanecía igual! Este encuentro marcó la tónica de la relación de Cristo con su Iglesia: ahora el Señor tiene todo poder y toda autoridad, pero sigue siendo cercano y reconocible para su pueblo.</p>