La Pasión de Cristo es una explosión de amor que nos redime. Esa Pasión nos reubica: nos impide meternos en la mundanidad y en el rechazo al sufrimiento. Mucho bien nos hace tener devoción a la Pasión de Cristo. Es entrar en sintonía con el amor salvífico. Si en una persona o en una institución se pierde el sentido de la cruz, todo decrece. Y al revés: con la Cruz se va para arriba la santidad y los frutos apostólicos.