El tábano se alejó del Estado moderno de Hobbes y Locke y se remontó a los pensadores clásicos. Allí se encontró con Aristóteles que considera al hombre como un animal político: alguien que necesita relacionarse con los demás. Y debe relacionarse para conquistar todo lo que le falta y no puede alcanzar por sí solo. En este sentido, el fin de un Estado ideal tiene que estar orientado a procurarle a sus ciudadanos una vida virtuosa y buena.