Hay casas que se abandonan por una razón.
Y hay nombres que no deberían pronunciarse en voz alta.
Una joven pareja huye de la ciudad buscando algo mejor: aire limpio, silencio… un futuro para el hijo que está por llegar. Pero la vieja casa de la torre, perdida en la Galicia más profunda, no es un refugio.
Es un lugar que recuerda.
Entre sus muros húmedos y sus chimeneas apagadas, algo observa. Algo antiguo, ligado a la tierra, al monte… a lo que crece bajo las raíces y nunca se fue del todo.
Los ancianos lo saben.
Por eso evitan hablar de ello.
Pero hay un nombre que siempre termina regresando.
La Lamicáncara.
Y cuando lo escuches… quizá ya sea demasiado tarde.