En los siglos XVIII y XIX, la extrema pobreza marcó la vida en Canarias. En ese contexto de miseria y abandono, muchas niñas y niños nacían en una situación de enorme fragilidad, dependiendo de un sistema de beneficencia precario para sobrevivir. Al mismo tiempo, numerosas mujeres asumieron trabajos esenciales para sostener esas vidas y, en no pocos casos, tuvieron que rebelarse y reclamar lo más básico: el cobro de sus salarios. Hablamos de ello con Sara Barrios, doctoranda en Historia Moderna, en la Universidad de La Laguna.