Estrenamos segunda temporada presumiendo de amistad y, de paso, abordando las complejidades que implica a la hora de hacer, programar y analizar el cine. ¿Cómo puede la crítica no claudicar ante los nexos entre sus responsables y los cineastas, en una industria donde ya no quedan críticos que solo se dediquen a ello? ¿Hasta qué punto pueden considerarse muestras de amistad estas dinámicas relacionales en una industria tan corporativista? ¿Es compatible cuestionarse todo esto con apreciar el potencial creativo y hasta intelectual de hacer cosas con panitas? ¿Puede Albert Serra ser amigo del Guille malo? ¿Cual es el Guille Malo?