<description>En la campa&amp;ntilde;a electoral estadounidense de 2024, el presidente Biden ha dicho que "la democracia est&amp;aacute; en juego". Su adversario, el expresidente Trump, tambi&amp;eacute;n ha hecho de la democracia una cuesti&amp;oacute;n electoral. Cuando el sistema se convierte en la cuesti&amp;oacute;n, existe una posibilidad real de que los resultados de las elecciones de 2024 sean impugnados por ambos bandos.

Estados Unidos no es el &amp;uacute;nico pa&amp;iacute;s en el que la propia democracia se ha convertido en una cuesti&amp;oacute;n electoral. En la India, los opositores al Primer Ministro Modi afirman que su probable victoria en las actuales elecciones pondr&amp;aacute; en peligro la democracia india. En la Hungr&amp;iacute;a de Orb&amp;aacute;n, sus oponentes pretenden, del mismo modo, hacer de su desmantelamiento de la democracia, durante su mandato, la cuesti&amp;oacute;n electoral en futuras elecciones.

En tiempos normales, la democracia reproduce su legitimidad de forma performativa mediante su funcionamiento cotidiano: revisi&amp;oacute;n judicial, supervisi&amp;oacute;n reglamentaria por parte de las comisiones electorales, cuando existen tales instituciones, debate en la sociedad civil, prensa libre. Cuando esto funciona, el veredicto de los votantes pone fin a la crisis. En caso de crisis, la legitimidad no siempre puede restablecerse mediante el funcionamiento cotidiano. Los que pierden pueden decidir tomarse la justicia por su mano, especialmente en las democracias nacidas de la revoluci&amp;oacute;n, como Estados Unidos y Francia.  Cuando los sistemas pol&amp;iacute;ticos pierden legitimidad a ojos de los "perdedores", la tradici&amp;oacute;n revolucionaria puede legitimar la insurrecci&amp;oacute;n.  Esto ocurri&amp;oacute; el 6 de enero de 2021 en el Capitolio estadounidense.

Si la democracia est&amp;aacute; hoy en crisis, una de las razones es que sus tradiciones hist&amp;oacute;ricas y su mejor caracter&amp;iacute;stica -la impugnabilidad inherente a sus normas- hacen que su legitimidad sea condicional y performativa. Tenemos que pensar en la crisis democr&amp;aacute;tica como algo inherente al propio sistema y aprender a pensar en la crisis como una oportunidad para mejorar la legitimidad performativa del sistema.</description>

Filosofía y Pensamiento

Fundación Ramón Areces

La democracia en las urnas: cuando el sistema se convierte en el objeto del debate

MAY 12, 202558 MIN
Filosofía y Pensamiento

La democracia en las urnas: cuando el sistema se convierte en el objeto del debate

MAY 12, 202558 MIN

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En la campa&ntilde;a electoral estadounidense de 2024, el presidente Biden ha dicho que "la democracia est&aacute; en juego". Su adversario, el expresidente Trump, tambi&eacute;n ha hecho de la democracia una cuesti&oacute;n electoral. Cuando el sistema se convierte en la cuesti&oacute;n, existe una posibilidad real de que los resultados de las elecciones de 2024 sean impugnados por ambos bandos. Estados Unidos no es el &uacute;nico pa&iacute;s en el que la propia democracia se ha convertido en una cuesti&oacute;n electoral. En la India, los opositores al Primer Ministro Modi afirman que su probable victoria en las actuales elecciones pondr&aacute; en peligro la democracia india. En la Hungr&iacute;a de Orb&aacute;n, sus oponentes pretenden, del mismo modo, hacer de su desmantelamiento de la democracia, durante su mandato, la cuesti&oacute;n electoral en futuras elecciones. En tiempos normales, la democracia reproduce su legitimidad de forma performativa mediante su funcionamiento cotidiano: revisi&oacute;n judicial, supervisi&oacute;n reglamentaria por parte de las comisiones electorales, cuando existen tales instituciones, debate en la sociedad civil, prensa libre. Cuando esto funciona, el veredicto de los votantes pone fin a la crisis. En caso de crisis, la legitimidad no siempre puede restablecerse mediante el funcionamiento cotidiano. Los que pierden pueden decidir tomarse la justicia por su mano, especialmente en las democracias nacidas de la revoluci&oacute;n, como Estados Unidos y Francia. Cuando los sistemas pol&iacute;ticos pierden legitimidad a ojos de los "perdedores", la tradici&oacute;n revolucionaria puede legitimar la insurrecci&oacute;n. Esto ocurri&oacute; el 6 de enero de 2021 en el Capitolio estadounidense. Si la democracia est&aacute; hoy en crisis, una de las razones es que sus tradiciones hist&oacute;ricas y su mejor caracter&iacute;stica -la impugnabilidad inherente a sus normas- hacen que su legitimidad sea condicional y performativa. Tenemos que pensar en la crisis democr&aacute;tica como algo inherente al propio sistema y aprender a pensar en la crisis como una oportunidad para mejorar la legitimidad performativa del sistema.