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El magacín semanal "Francia hoy" presenta temas de sociedad o política francesa. Profundizamos en cada tema con el análisis de expertos y numerosos testimonios.

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Adiós a Brigitte Bardot: la BB del cine y la canción francesa
DEC 28, 2025
Adiós a Brigitte Bardot: la BB del cine y la canción francesa
Iniciales BB, son las iniciales de Brigitte Bardot, mujer que inspiró a los más grandes compositores y realizadores franceses. Esta es su historia, con la música como hilo conductor. Dos letras  BB basta para nombrar a la mujer que fue una referencia en la sociedad y la cultura. Su busto fue elegido para representar el símbolo de la república francesa. Un busto que fue conocido y reconocido en todo el mundo. Brigitte Bardot, la joven actriz de clase acomodada y conservadora fue adulada y expuesta a la luz sin concesiones a penas salió de la adolescencia en los anos 50. Se convirtió se convirtió en un modelo de libertad para las mujeres durante 3 décadas. “Et dieu crea la femme” pone en escena a una joven francesa apasionada por el amor y a vida. Mujer superficial para algunos, mujer libre para otros. El fenómeno BB y su exposición mediática inspiraron incluso a Simone de Beauvoir, figura del feminismo francés quien escribió: Brigitte Bardot es “tanto depredadora como víctima de sus depredadores”. Extracto de la película Le Mépris de Jean-Luc Godard (1963), junto a Michel Piccoli, obra que consolidó la fama de Brigitte Bardot a nivel mundial. Sin embargo, la película fue financiada con la condición de incluir escenas de Bardot desnuda, una exigencia de los productores estadounidenses, en detrimento tanto del director como de la actriz. Jean-Luc Godard tuvo que añadir la célebre escena de Bardot desnuda, pero para atenuarla recurrió al uso de filtros de colores. Brigitte Bardot convivió veinte años con esa imagen ambivalente de mujer liberada y, al mismo tiempo, de objeto sexual. “Mi vida es como una gran celda, agradable, pero una prisión al fin y al cabo. Mi vida no me pertenece, le pertenece a todo el mundo. El público me atribuye palabras que no digo, actos que no son míos. Tengo la sensación de no ser libre. Lo único que deseo es que hablen menos de mí. Vivo con las persianas y las cortinas cerradas, porque en el techo de enfrente me esperan los fotógrafos”, dijo en una entrevista para la radiotelevisión pública. Ya en los años sesenta, Brigitte Bardot venía alertando sobre su situación y el constante acoso del público y de los medios de comunicación. Después de veinte años de carrera cinematográfica, decidió poner fin a los rodajes y a la vida pública, por culpa —o gracias— a una cabra. La película L’Histoire très bonne et très joyeuse de Colinot Trousse-Chemise, una comedia ligera, fue la última de su carrera, en 1973. Brigitte Bardot tenía entonces 38 años y su decisión fue irrevocable: nunca volvió a los escenarios.Eligió a los animales como su nuevo público, casi como un rechazo a los seres humanos… al rechazo de una sociedad que la utilizó como una mascota, un animal de zoológico, como señalaron algunos especialistas. Ella misma lo resumió así: «He dado mi cuerpo a los hombres y mi alma a los animales». En 1977, desde La Madrague —su casa en Saint-Tropez—, creó la Fundación Brigitte Bardot para luchar contra el sufrimiento animal, ya fuera doméstico o vinculado a la producción de carne y pieles. Entre los episodios más mediáticos de su militancia figura su viaje al Polo Norte, en territorio canadiense, para denunciar la matanza de crías de foca destinadas al comercio de sus pieles. De regreso a Francia, y gracias al apoyo del gobierno de Valéry Giscard d’Estaing, el Parlamento aprobó una ley que prohíbe el comercio de productos derivados de la caza de focas. Sin embargo, con el paso del tiempo, Brigitte Bardot dejó de recibir el respaldo de los presidentes posteriores, y su fundación continuó funcionando principalmente gracias a donaciones y a la apertura de refugios, mientras que el maltrato animal dejó de figurar entre las prioridades políticas. «Cuando escucho a estos políticos prometernos maravillas sin hacer nada… Ninguno, ni de derecha, ni de izquierda ni de centro, habla realmente de ese problema: la causa animal o la mejora de la condición animal en Francia. ¡Esto me escandaliza!», afirmó en una ocasión. Escándalo parece ser una palabra que la describe bastante bien. La militante comenzó escandalizando con su imagen de mujer libre, considerada por muchos como frívola y superficial, al tiempo que fascinaba a ciertos intelectuales. Sin embargo, el escándalo estalló también en reiteradas ocasiones a raíz de sus declaraciones racistas y homófobas. Sus vínculos cercanos con círculos de poder de la extrema derecha francesa tampoco fueron bien recibidos. El impacto de estas declaraciones fue tal que, en algunas alcaldías, se retiraron los bustos de Brigitte Bardot que la representaban como Marianne. Para muchos, Brigitte Bardot pasó entonces a encarnar la deshonra. Brigitte Bardot fue condenada en varias ocasiones por la justicia francesa por injuria racial y por incitación al odio. Sin embargo, al final de su vida, la diva tenía en la mira a una impresionante cantidad de personalidades, entre ellas Emmanuel Macron y su entonces ministro de Transición Ecológica, el ecologista Nicolas Hulot, a quien calificó de «cobarde». Diva, musa, símbolo sexual, figura considerada superficial, referente del feminismo y de la libertad, racista, precursora en la lucha contra el maltrato animal, pecadora, ícono cultural… Cada cual se quedará con la BB que prefiera recordar. Lo cierto es que no hubo una sola, sino varias vidas de Brigitte Bardot.
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La tormenta del gigante del "fast fashion" Shein en Francia salpica América Latina
DEC 1, 2025
La tormenta del gigante del "fast fashion" Shein en Francia salpica América Latina
La presencia de Shein en Francia ha exacerbado el debate sobre el "fast fashion" y la regulación de estas compras vía plataformas digitales, como parte de una industria que es acusada de dañar el medioambiente y atentar contra los derechos humanos. La polémica se ha extendido a Latinoamérica, donde ya varios países avanzan en leyes de regulación y/o imposición. En la llamada capital de la moda, la apertura de la primera tienda física del gigante del "fast fashion" (moda rápida) Shein ha generado dos frentes: sus clientes y quienes consideran su presencia en Francia diabólica. Pero la polémica va más allá y ha exacerbado una pregunta que trasciende fronteras: ¿Cómo se regula esta industria que es señalada de contaminar y vulnerar derechos humanos? Latinoamérica se une a la ola de regulación Latinoamérica se une al movimiento de regulación al "fast fashion" Francia, que fue pionera en la materia al aprobar la ley contra el ultra fast fashion que impacta sobretodo gigantes como Shein o Temu, según Javier Guevara, investigador y analista jurídico de normativas innovadoras, que publica actualizaciones legales junto a la Universidad Externado de Colombia. “La ley francesa del ultra fast fashion fue la que abrió toda esta discusión a nivel mundial, pero las nuevas legislaciones responden a un contexto global donde el sector textil es el que está generando más del 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo”, agregó Guevara. En Latinoamérica se nota un impacto después de que Francia lo hiciera, “porque se comienza a hablar del tema”, indica Guevara, explicando que en Argentina la Cámara de indumentaria trabaja en un proyecto para regular las plataformas de ultra fast fashion, “con propuestas que incluyen todo lo que es la aplicación de impuestos y aranceles buscando proteger a la industria nacional”. También enumera el caso de Colombia que, aunque reconoce que los esfuerzos han sido más a nivel local, se han anunciado ajustes impositivos para la importación de prendas, buscando frenar el impacto en los productores locales. En Ecuador, desde junio de 2025, se está buscando aplicar un impuesto de 20 dólares por paquete a las compras de ropa desde el extranjero y en México se aumentaron los aranceles de las importaciones de pequeños paquetes de textiles del 19% al 33.5%, explicó el investigador, agregando que todos son esfuerzos para frenar este fenómeno de consumo masivo. El jurista destaca a Chile como el país más avanzado de la región en la materia que, además de los aranceles, contempla los textiles en una ley de responsabilidad extendida del productor para reducir los residuos. En América Latina, el consumo de estas marcas ha tenido un aumento exponencial. Es el caso de Argentina que, en lo que va del año, registró un aumento del 237% en compras vía plataformas digitales como Shein, Temu o Aliexpress, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos. El papel protagónico de la publicidad En Colombia, el sector textil ya ha alertado del peligro para su industria, pues consumidoras como Dayana también se han dejado conquistar por los gigantes chinos. “Usualmente suelo comprar en Shein y en Temu, pues la mayoría de mi círculo compra ahí y las veces que he comprado, todo ha salido bien. El tema de reembolsos, también la información cuando es ropa, las tallas, cuando es un objeto. Hay especificaciones muy claras en cuanto al tamaño y las medidas. Entonces me ha aparecido confiable”, indicó la cliente de 23 años. Ella cuenta que la publicidad de las redes sociales la llevó a acercarse a estas marcas, principalmente en el caso de Temu. Pues dichas plataformas han jugado un papel clave en la transformación del consumo, según encontró Guevara en sus últimas investigaciones. “La llegada masiva de las redes sociales hizo un cambio en el paradigma del consumo que no se veía hace 5 o 10 años; el poder acceder a una red social donde el producto llega muy rápido y muy barato”, señaló el investigador. Para él, también habría que examinar los contenidos publicitarios de “lo que nos venden como moda o ese aumento de publicidad agresiva sobre lo que es la moda, sobre la necesidad de consumir muchas prendas todo el tiempo, de estar a última moda”. Olivier Urrutia, delegado general de la Delegación del Comercio Cooperativo en Francia, también destaca la importancia de vigilar estos anuncios, algo que contempla la ley francesa. “Esa ley obliga a las plataformas a respetar unas normativas, como por ejemplo limitar los efectos de la publicidad, pero también obligarlas al respeto de la protección de datos personales de los consumidores”. La polémica de Shein en Francia Sin duda, el paso de Francia a intentar regular la industria del ultra fast fashion ha puesto a Shein en el foco, y este ha respondido con una provocación al instalar su primera tienda física en la capital de la moda, estima Pierre Condamine, responsable de campaña de la ONG Les Amis de La Terre (Amigos de la Tierra). “Esta apertura es un intento por parte de Shein de legitimarse, de mostrarse irreprochable. En Francia, Shein ha sido muy criticada por ser una marca que solo opera en línea, que no paga impuestos y que no crea puestos de trabajo y ahora lo que hace Shein es intentar responder a eso. Esto forma parte de una estrategia de comunicación en un momento en el que son objeto de la ley fast fashion, pero es un modelo dañino y es necesario regularlo”, señaló. Aunque Shein abrió sus puertas en París, en los célebres almacenes BHV a principios de noviembre, aún sigue siendo parte del debate público y su expansión en el resto del país se ha visto frenada. Algunos sectores piden retirarla totalmente, ciertas marcas de lujo han decidido abandonar el edificio negándose a ser sus vecinos, mientras clientes como Manel se alegran de poder comprar en directo: “Yo pido por la página web, es asequible y nos permite ahorrar dinero, pero lo que crea esta polémica es la brecha entre el lujo y lo barato, ellos no quieren que gente como nosotros acceda a esos privilegios”. Comprar bonito a bajos precios, es la razón principal que dicen tener los clientes tanto de Francia como de Latinoamérica a la hora de dirigirse al gigante Shein, que Mathilde Pousseo, delegada del colectivo francés Ethique sur l’étiquette (Etica en la etiqueta), juzga por sus prácticas laborales. “Shein es realmente el modelo que menos respeta los derechos de los trabajadores a quienes somete a una presión terrible y luego vemos claramente que los precios bajos se traducen en una merma de los derechos de los trabajadores en todos los eslabones de la cadena” indicó. Para ella, el modelo económico es muy frágil y “está destinado al fracaso, pero también es responsabilidad de las personas tomar conciencia de que lo que compran es malo para la salud. Se trata de productos fabricados esencialmente con hidrocarburos y sabemos lo que hay detrás, como disruptores endocrinos, PFAS y otras sustancias que son realmente perjudiciales para el medio ambiente, pero sobre todo para la salud”, indicó. Diferentes organizaciones como Public Eye han denunciado abuso laboral de la marca con jornadas de 75 horas semanales, bajos salarios y problemas de seguridad. La precariedad laboral del "fast fashion" no es un secreto, asegura el jurista Guevara, aunque reconoce que es imposible de regular: “muchas veces ni siquiera se sabe de dónde vienen esas prendas, porque lo que hacen esas empresas es hacer unos grandes pedidos que llegan a sus filiales y ellos las redistribuyen. Entonces el rastro es muy difícil de perseguir” señaló. ¿Comprar es un acto político? Para Urrutia, la polémica de Shein es el pico de un dilema que también es moral en la sociedad actual. “Los consumidores estamos atrapados entre el dilema moral de respetar o no las condiciones de los trabajadores y la calidad de los productos y el medio ambiente, con el poder de compra. Como hay una crisis económica y una bajada del poder adquisitivo, pues la gente tiene que reflexionar sobre si se privilegia el volumen de compra o  la responsabilidad de lo que se está comprando, es un dilema que está atrapando cada vez más a las sociedades desarrolladas”, explicó. El gigante del "fast fashion" lleva la bandera de toda una industria de moda rápida que es acusada de competencia desleal, dañar el medio ambiente, tener prácticas laborales precarias y mucho más. La regulación marca un punto de inflexión, pero como dicen los expertos, es difícil vigilarlo todo y más en un contexto de crisis económica. La decisión final queda entonces en manos de los consumidores, ¿pero es posible comprar como un acto político?
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La Parranda Venezolana resuena en un barco anclado en el corazón de París
NOV 3, 2025
La Parranda Venezolana resuena en un barco anclado en el corazón de París
El tercer martes de cada mes, hay una cita exclusiva con la música venezolana en un péniche al borde de la Villette, en el noreste de París. Reportaje de Mariana Rivera Ramírez para RFI A orillas de la red fluvial parisina, diversas péniches —pequeños barcos, tipo crucero— forman parte del paisaje de la ciudad. Al menos una decena de estas barcazas, ancladas en las cuencas y canales del distrito XIX de París, suelen estar reservadas para proyectos artísticos: desde incubadoras culturales, cine, teatro y otras  artes escénicas. Pero, una de ellas, es realmente especial para la comunidad venezolana: la Péniche Anako. En este barquito amarrado a la dársena del Bassin de la Villette, músicos y personas amantes de los ritmos tradicionales de la patria de Bolívar, se reúnen, cada mes, para armar la denominada Parranda Vénézuélienne.  Una pareja de con una larga y reconocida trayectoria en la música tradicional venezolana, es la artífice de este encuentro musical: Cristobal Sotony Hayley Soto. Ella es cantante, se encarga de la programación de los conciertos y de la curaduría de los artistas. “Se nos ocurrió que podía ser este este formato: hacer un concierto de 45 minutos y después que la gente en general, no solamente los alumnos, sino otras personas, pudieran integrarse y hacer música venezolana”, explica Hayley.  Leer tambiénMontevideo retumba en París con los tambores del candombe Su esposo, Cristóbal, es un franco-venezolano que nació y creció en París, a los 20 años se fue a vivir a Caracas, la capital de la tierra de su padre; él es multiinstrumentista y ahí desarrolló una prolífica carrera como mandolinista y como maestro de música tradicional. Años después, a su regreso a tierras francesas, fundó la Asociación Sonar en París para darle continuidad a su labor de enseñanza y difusión de las músicas tradicionales. Sonar es el preámbulo de la Parranda Vénézuélienne. “Ahora somos varios los que damos clases en el local nuestro, organizamos hace más de 20 años un curso de verano. Todos los años son más o menos unos 30, 40 alumnos que pasan una semana…Y eso es música de las 09:00 hasta las 23:00 de la noche mínimo”, detalla Cristóbal.  Semillas venezolanas en la capital francesa El curso intensivo anual de la Asociación Sonar, que se realiza a las afueras de París, es un punto de convergencia para la música tradicional venezolana en este lado del mundo y todo un semillero de proyectos musicales. De ahí surgió el Collectif Bululú, un grupo que toca y expone variedad de ritmos venezolanos en París. Sus integrantes son cuatro jóvenes de Venezuela y dos franceses, quienes son alineación fija en las jam de las parrandas. La venezolana Rossmary Rangel, canta y toca la tambora y la bandola en el Colectivo, pero también tiene su proyecto propio como flautista, con el cual presentó su nuevo disco “Guayayo Project” en la Parranda del pasado mes de junio. “Vengo de otro mundo que es el mundo de las orquestas”, cuenta la artista a RFI, en medio de un ensayo que tuvo junto a sus colegas de Bululú en una sala de la Asociación Sonar en París, previo a ese espectáculo. La música popular es pan de cada día de las y los venezolanos, sin importar la escuela musical donde se aprenda. “Ya tú ves orquestas de cuatro, orquestas de mandolina, arpa, maracas (…) Entonces, no hay una cuestión de que la música popular esté alejada o que sea para un grupo específico de gente. Aquí nosotros hemos cultivado esa tradición desde muy pequeños… Yo crecí incluso tocando música un poco más académica en formación, pero siendo música venezolana”, agrega Rangel. El Sistema de Orquestas venezolano sin duda ha sido ejemplar y un gran promotor de la cultura musical del país. Se trata de un programa social, educativo y cultural, fundado por el maestro José Antonio Abreu en 1975. Este modelo, reconocido mundialmente, ha impactado la vida de miles de jóvenes, como fue el caso de Rossmary. “En todas las casas usualmente hay un cuatro”  Más allá de la música formal, la música tradicional es una vena que atraviesa la idiosincrasia de este país suramericano. Muchas de las festividades venezolanas están asociadas a celebraciones católicas y suelen estar acompañadas con ritmos tradicionales. En diciembre, por ejemplo, cuando las familias se reúnen a cocinar hallacas, las gaitas, las parrandas y los aguinaldos son tan esenciales como los ingredientes mismos de ese platillo navideño. Dariana López, la cantante, compositora y cuatrista del grupo, recalca que “Venezuela es un país que en donde la música tiene como una plaza muy importante en la vida diaria, mucha gente canta y toca sin ser forzosamente músico profesional (...) en todas las casas usualmente hay un cuatro. El cuatro es el instrumento tradicional por excelencia de Venezuela”. Leer tambiénEn París, tras la huella de la zampoña Esa pequeña guitarra de cuatro cuerdas es por tanto, infaltable en las parrandas y de ahí se van sumando todos los demás “desde mandolinas, maracas, bajo, contrabajo, guitarra… Una variedad de instrumentos tradicionales venezolanos: las maracas, la bandola… cantidad de instrumentos de percusión, detalla Daniel Uzcategui, el cuatrista principal y arreglista del Colectivo Bululú. Para formar parte de la programación de la Parranda, cada proyecto debe tener un mínimo de madurez musical y cumplir con el requisito indispensable: hacer música venezolana. “Que además no es tan conocida, digamos, como otras músicas como la música brasileña, por ejemplo, como la misma música colombiana que tienen más espacios donde se hacen en diferentes sitios. Hay muchas ruedas de samba, hay muchas ruedas de cumbia, pero parrandas venezolanas por el momento hay solo una”, recalca López. Esa exclusividad de la que habla Dariana, es la que hace tan especial la cita musical en la péniche, pues más allá de ser un lugar de encuentro para la comunidad venezolana, es una fiesta de ritmos y un punto de convergencia multicultural. La Parranda intenta abarcar el diverso y rico abanico de géneros musicales que tiene Venezuela. “Por supuesto, se hace mucho joropo llanero, que es como el más conocido, que involucra el arpa y algunas veces la bandola. Está el merengue venezolano que digamos que eso no va a faltar nunca (...) es como que un género muy característico de Venezuela”, ejemplifica López. “La música no la define el pasaporte” La cosmopolita París, sin duda es cómplice de todo ello. Ofrece un escenario idóneo para el público de distintas edades y procedencias. Anabel es venezolana y visita, desde Panamá, a su hija Eliana que está radicada en Francia. Ella asegura que la música tradicional es lo que te conecta con tu identidad: “Me ha hecho regresar a un pasado que dejé en mi país”, comenta tras asistir a la Parranda Venezolana. Para algunas personas locales ya es una cita habitual en la capital francesa. Francis, un músico francés enamorado de la música venezolana, acude todos los meses con su guitarra a la Parranda: “soy guitarrista y puedo tocar esas cosas que yo tocaba hace muchos años”. Brillitte, también francesa, es otra asistente ferviente: “Encontré al maestro Cristóbal Soto y empecé a tocar cuatro (...) y realmente es una fecha que no podemos faltar. Cada mes hay que venir porque es un momento único de música”. La paradoja de la música es que por un lado refuerza la identidad de una nación pero, al mismo tiempo, difumina las fronteras, porque como dice Cristóbal: “La música no la define el pasaporte, la define las ganas y el conocimiento del estudiarla, trabajarla, practicarla y compartirla”.  Ese sentimiento lo comparte Daniel, desde su experiencia en el Colectivo Bululú: “se elimina ese límite entre el que es venezolano y el que es francés, y es como que se te olvida cuando estás tocando. Cuando yo estoy tocando con Adrien, cuando yo estoy tocando con Juliette, cuando yo estoy tocando con Marina, con Dariana, no pienso que Juliette es venezolana o francesa. Es como un sitio donde esa barrera, como geográfica, de un pasaporte se borra”. Ese impulso por compartir la música es lo que ha mantenido a Cristóbal y a Hayley constantes con su proyecto pedagógico de transmisión de las músicas tradicionales, por más de 20 años en este lado del Atlántico. “Es que está viva en nosotros. Es parte de nuestras vidas (...) No hay ninguna meta otra que disfrutar de eso que conocemos y que nos gusta compartir,  reflexiona el maestro Cristóba Tras cinco años en París, esa vitalidad también atraviesa a Dariana. Cada vez que toca, las montañas de su natal Mérida, se sienten más cerca: “Hacer música tradicional venezolana aquí es una manera también que me permite seguir conectando con eso que dejé allá, ¿no? Gracias a la música tradicional venezolana, yo he creado esta red que me hace seguir sintiéndome en casa”. La Péniche Anako es administrada por una asociación de armenios y gracias a la alianza con la Asociación Sonar, esta fiesta musical venezolana ya es una cita fija en la agenda mensual desde hace más de una década. Cada tercer martes del mes La Parranda Venezolana resuena al borde de la Villette y es una parada obligatoria para músicos, personas curiosas y amantes de las músicas latinoamericanas.
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Montevideo retumba en París con los tambores del candombe
OCT 27, 2025
Montevideo retumba en París con los tambores del candombe
Cada primer domingo del mes, el Café du Village, en el distrito 13 de París, se llena del ritmo afro-uruguayo del candombe. Una rueda de candombe, inspirada en "La Rueda de Candombe" de Montevideo, reúne a músicos latinoamericanos y franceses que, entre tambores y guitarras, recrean una tradición que es al mismo tiempo celebración, memoria y resistencia. Reportaje de Mariana Rivera Ramírez para RFI. Es común en las familias candomberas de Uruguay que, después de un asado, la sobremesa termine entre guitarras y tambores. Esa atmósfera musical es la que se recrea en el Café du Village, en París, el primer domingo de cada mes desde mayo pasado. Situado en el distrito 13 de París, muy cerca de la Place d’Italie, un grupo de músicos hace los últimos ajustes en ese café, antes de iniciar la rueda de candombe uruguaya. Es el momento de acomodar cables, hacer las pruebas de sonido y todo ello, por supuesto, compartiendo el mate. Cuatro de ellos son uruguayos, hay dos franceses y una argentina. Cada quien tiene su propio proyecto musical o se dedica a otros oficios, pero el denominador común es el candombe. Joaquín Fernández es un músico itinerante que viaja con su proyecto solista de canciones, en cuyo repertorio el candombe ocupa un lugar central. Está de paso por París y, como acostumbra en cada ciudad que visita, se reúne con otros músicos para tocar. Allí organizó una rueda de candombe, inspirada por el éxito del formato de La Rueda de Candombe en Montevideo. "Me fascina la estructura del candombe, la forma que adquiere (...) El formato del círculo, el canto en círculo, se ve en varias culturas afro-indígenas de Latinoamérica. Ver ese elemento incorporado al candombe me pareció algo muy bueno y muy efectivo, muy práctico de trabajar", expresa Fernández. La Rueda de Candombe en la capital uruguaya, a la que alude Joaquín, fue la primera que se organizó y se convirtió en un verdadero boom que estalló a fines de 2024. Todo comenzó en un bar, luego de que dos amigos —Caleb Amado y Rodrigo Fernández, alias Rolo— regresaran de un viaje a Río de Janeiro. Inspirados en las fervientes "rodas de samba" brasileñas, "se nos empezó a cruzar por la cabeza la idea de intentar hacer algo parecido con nuestra música", recuerda Rolo. Así decidieron adaptar ese formato y crear su propia rueda con el candombe, ahora llamada oficialmente "La Rueda de Candombe". "Teníamos más preguntas que certezas sobre si iba a funcionar. Por ejemplo, si habría repertorio suficiente. En las rodas de samba cariocas las canciones se encadenan durante mucho rato: hay un repertorio gigantesco. Por suerte, esa fue una de las dudas que tuvo una respuesta muy feliz. Se generó un fenómeno muy lindo", cuenta. Leer tambiénLa Parranda Venezolana resuena en un barco anclado en el corazón de París Ese éxito los llevó a cruzar el Atlántico con su proyecto. Rolo Fernández habló con RFI durante una parada en París, tras la presentación de La Rueda de Candombe en el Festival de Cannes 2025. Allí animaron la fiesta charrúa de la delegación uruguaya participante en el certamen. La convocatoria fue tal que muchas personas de la comunidad uruguaya viajaron desde otras ciudades, como París o Barcelona, para unirse a La Rueda de Candombe en Niza, al pie de un yate en la Riviera francesa. Para Fernández, conceder una entrevista sobre el candombe en esa ciudad, tan lejos de Uruguay, "para cualquier uruguayo es una manera de llevarlo a casa". Esa sensación de hogar de la que habla Rolo es quizás lo que hace que los tambores del candombe retumben también, a casi once mil kilómetros de Montevideo, en tierras francesas. "Lo amo desde lo más profundo de mi ser"   El fenómeno de las ruedas candomberas resuena desde hace un tiempo en París, en el Café du Village, punto de encuentro musical el primer domingo de cada mes. RFI estuvo en la segunda rueda, en junio. Ese día, Joaquín y su grupo de amigos preparaban el espacio para el cierre de la tarde: una mesa central, los tambores, dos guitarras y un par de micrófonos. Jimena Laje dejó Buenos Aires hace más de veinte años huyendo de la crisis económica del Corralito. En París formó el grupo "La Milongón", con el que interpreta milongas, tangos y candombe. Gracias al ritmo de su país vecino, se reencontró con la música y hoy integra las ruedas de candombe que se hacen en París. . Laje era mesera en un restaurante cuando conoció a Léo Melo, cantante de Los Maniseros: "Vivía enfrente mío, realmente enfrente. Fue una casualidad (...) Y empecé a aprender de a poquito el chico, el tambor. También sigo aprendiendo otros tambores, piano y repique. Pero el instrumento que prefiero es el tambor. Lo amo desde lo más profundo de mi ser". Enganchado al candombe desde los 15 años  Emmanuel Brun, alias Manu, es otro de los integrantes. Francés, creció en una zona multicultural de París. "Era 'Le Tour du Monde'. Una especie de vuelta al mundo en 80 edificios, porque en cada uno vivía gente de distintos lugares", bromea. Gracias a ese entorno, Manu asumió una identidad plural. Se impregnó de la cultura uruguaya desde joven: "Me conecté con el candombe cuando tenía 15 años. Fui a la casa de un amigo uruguayo del liceo a comer tortas fritas. Puso un casete con música uruguaya y candombe. Desde ese día me volví loco con esa música". Esa pasión lo llevó a dejar el bajo y empezar a tocar tambor. Su historia remite a las décadas de 1970 y 1980, cuando la dictadura uruguaya forzó al exilio a unas 380 mil personas. La ciudad donde creció, Fontenay-sous-Bois, en el Val-de-Marne, acogió a muchas familias que huían de las dictaduras de Chile y Uruguay. Leer tambiénEn París, tras la huella de la zampoña El candombe, medio de expresión y resistencia de los esclavizados, sigue siendo un vínculo con la memoria para la comunidad uruguaya exiliada en Francia. Así lo expresa Manu: "Mi camino en este género tiene que ver con la militancia. El candombe es una herramienta política y cultural, ligada a formas de resistencia. Me acerqué a activistas afrouruguayos y trabajé con ellos para reescribir la historia del país, para visibilizar los aportes de las poblaciones africanas, afrodescendientes y afroamericanas en la identidad uruguaya. Es una militancia cultural, una lucha "pacífica, pero no pasiva", como me dijo un amigo". Sonidos de resistencia y herencia afrouruguaya Apostar por el formato circular aportó una novedad que generó el boom, pero el candombe se remonta al siglo XVIII, cuando Montevideo fue designada por la corona española como puerto de introducción de esclavos en el sur del Virreinato del Río de la Plata. A fines de ese siglo, un tercio de la población de la ciudad era afrodescendiente. Para sobrellevar la represión, las comunidades se reunían alrededor de los tambores, en las llamadas Salas de Nación, donde recreaban los rituales de sus tierras con música y danza. Con el tiempo, y debido a la estigmatización de la cultura negra, el valor ritual se fue perdiendo. El candombe quedó restringido a los antiguos conventillos, viviendas colectivas de inquilinato. Más adelante, las comparsas de candombe se integraron al carnaval nacional. Hoy los tambores alegran las angostas calles de los barrios Sur y Palermo. El candombe, con sus variaciones rítmicas, es la columna vertebral de muchas canciones uruguayas. Y la Rueda de Candombe es hoy otra plataforma para difundir ese cancionero. "Hace quizás 70 u 80 años, los compositores montevideanos comenzaron a crear canciones con este ritmo. En La Rueda de Candombe tocamos de corrido unas diez o doce canciones por vuelta, todas enlazadas mientras los tambores son el hilo conductor", explica Rolo. Para quienes nacieron en Uruguay, escuchar su música en el extranjero aporta un fuerte sentido de identidad y pertenencia. "La escuela del candombe es la calle" Vicente Pérez, conocido como "Vicho", vive en Francia desde hace más de cinco años. Para él, las nuevas ruedas de candombe en París lo reconectan con su impulso natural de tocar y cantar en comunidad: "En Uruguay, en mi tiempo libre, salía a la calle a tocar el tambor y a bailar con mis amigos. Eso en Francia es difícil de encontrar. Desde que llegué sentí que algo me faltaba. Con las ruedas de candombe encontré eso que me faltaba. También lo había sentido con las ruedas de samba, aunque no es lo mismo. Ambas crean un espacio de libertad, de música y de disfrute", comenta. En el agitado ritmo de París, la convocatoria a la segunda rueda de candombe, en junio, fue un éxito. Pasadas las siete de la tarde, la comunidad uruguaya y latina empezó a ocupar todas las sillas del colorido Café du Village. Esa convivencia musical rompe la famosa cuarta pared del escenario, un objetivo de los candomberos que idearon La Rueda de Candombe en Montevideo. Rolo se muestra complacido de que el fenómeno latinoamericano genere eco en París: "Me parece maravilloso y también necesario. Empezamos con la misión de mostrar nuestra música, pero con el tiempo entendimos que había otra misión: la del punto de encuentro", dice Rolo. Para Vicho, el candombe mantiene su esencia popular: "La escuela del candombe es la calle. Uno aprende porque tiene un amigo que toca, o porque en su familia hay tambores, o porque alguien le prestó uno. No es algo que se estudie en la facultad, aunque ojalá algún día sí. Se necesita la transmisión oral, compartir entre amigos y familia para que el conocimiento no se pierda", subraya. Comunión alrededor de los tambores  En medio de la rueda de candombe en París, ahora bautizada "Antología", Manu explica al público, en francés, la función de los tres tambores que crean la polirritmia: "Hay tres tambores de tamaños distintos. El más grande, el más grave, se llama tambor piano y lleva la base. El del medio, el repique, es con el que más se improvisa. Y el más agudo, el chico, marca el tiempo y el norte. Eso es candombe". Los primeros tambores, construidos por los esclavos africanos, eran de troncos ahuecados o maderas recicladas de barriles, con un cuero clavado en la boca superior. Vicho explica que ese tambor tradicional sigue vivo y que el calor es esencial para su afinación: "El fuego tiene un lugar muy importante. Antes de tocar, hacemos un fuego y ponemos los tambores alrededor. El fuego sirve también para afinar el tambor". "Hoy tenemos tambores de todos los materiales, con parches y sonidos diversos. Pero hay algo que permanece. No sé si es la relación con el ritmo del cuerpo o algo del espíritu de los pueblos africanos que viajó por el mundo con esos tambores", agrega Vicho. Esa reflexión se hace palpable cuando los tambores inundan el local parisino y se forma un espacio de complicidad. El público, que al principio se mostraba tímido, terminó apartando las sillas para formar un trencito humano alrededor de los músicos. Tres amigas colombianas compartieron la sorpresa de asistir por primera vez a una rueda de candombe. "No me lo esperaba para nada", dijo una. "Estas son las fiestas a las que me tienen que invitar siempre", agregó otra. Un músico francés comentó que comprendió mejor la herencia afrouruguaya del ritmo gracias a las explicaciones. Para muchos —argentinos, mexicanos o costarricenses— fue su primer encuentro con el candombe; para la comunidad uruguaya, una cita con su patria. "El candombe me sana"  Aquella noche fue la segunda rueda de candombe en París. Más que un concierto, se sintió como un espacio de comunión, de unión y de pertenencia, en palabras de Joaquín: "Yo creo que la salud puede venir un poco desde ese lado: tocar, bailar, cantar y formar parte de un grupo". Para Jimena Laje, las ruedas son un punto de encuentro sanador: "A mí lo que me pasa es que me cura; pase lo que pase, cualquier dolor o problema. Cuando toco el tambor me siento regenerada, como nueva". "La música es un impulso vital muy primitivo, algo que está muy dentro de uno", reflexiona Rolo. "El corazón está todo el tiempo percutiendo y marcando el ritmo de nuestras vidas. Lo que sucede en la rueda es casi mántrico: uno se deja llevar por ese maravilloso ritmo y trasciende, por un rato, este plano de lo real”. Cada rueda de candombe en París suena a Montevideo. La comunidad uruguaya en el exilio espera ya la próxima fecha. Mientras tanto, en la Plaza España de la Ciudad Vieja, en la capital uruguaya, el fenómeno de la Rueda de Candombe sigue efervescente: donde haya un uruguayo, seguirán sonando los tambores y las canciones de Rubén Rada, Chabela Ramírez, Eduardo Da Luz o Jaime Roos.
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El béisbol venezolano encuentra un hogar en Francia
OCT 6, 2025
El béisbol venezolano encuentra un hogar en Francia
Al sur de París, en un campo sencillo de arcilla y pasto, Moisés Núñez atrapa pelotas mientras se oyen voces en francés de fondo. Tiene 19 años, nació en Caracas y creció en Guarenas. Hoy entrena con los Lions de Savigny, uno de los clubes más antiguos del béisbol francés. Isaac Vargas, ganador del premio reportaje RFI 2025. Estudiante de la Universidad de Los Andes, Bogotá, Colombia. Moisés Niñez Llegó a inicios de 2025 como refuerzo extranjero, y aunque ha sido parte de la selección nacional de Venezuela en tres ocasiones, en Francia encontró un nuevo desafío: jugar en un país donde la pelota caliente no es común. “Para mí significa orgullo”, dice, “porque llevamos esa pasión desde pequeños, porque nos la inculcan nuestros padres y abuelos. Y traerla a un país que no tiene esa cultura es muy importante para mí”. Entre dos mundos En Venezuela, Moisés estaba acostumbrado a estadios llenos. “Allá en cualquier juego pueden haber 150 o 200 personas. Aquí, no”, cuenta. La diferencia cultural la vivió de inmediato. Mientras que en Venezuela el béisbol es el deporte nacional, en Francia la pasión está en otro lado: el fútbol, el rugby o el ciclismo. Cuando el PSG ganó la Champions League, el país entero celebró durante días. En cambio, los partidos de béisbol en Savigny pasan casi en silencio. El béisbol en Francia no es profesional, pero sí está organizado. Desde 1924 se juega una liga nacional, con equipos repartidos en distintas ciudades. Hoy, según la Federación Francesa de Béisbol y Softbol, hay unos 13 mil jugadores registrados. De ellos, el 15% son latinoamericanos, y la mayoría, venezolanos. “No siempre fue así”, explica Elliot Fleys, director general de la Federación. “Hace unos años había más estadounidenses y asiáticos. Ahora la nacionalidad más representada en la liga es la venezolana”. Para equilibrar la competencia y garantizar el desarrollo local, existe una regla: de cada nueve jugadores en el campo, al menos siete deben haber sido formados en Francia. El objetivo es claro: que los clubes aprovechen la experiencia extranjera, pero que los jóvenes franceses tengan espacio para crecer. El proyecto de los Lions Los Lions de Savigny son un ejemplo de cómo los clubes se han adaptado a esa realidad. “Desde siempre intentamos contratar uno, dos o tres extranjeros cada temporada, según los recursos que tengamos”, dice Tom Dou, jugador del club. “Es una forma de perfeccionar el equipo y poder competir por el campeonato”. En la liga francesa nadie recibe salario: ni jugadores locales ni organizadores. La excepción son los extranjeros, a quienes los clubes cubren viaje, vivienda y un pago que puede parecer poco comparado con las grandes ligas, pero en un país donde el béisbol es minoritario y se debe a la autogestión, ese esfuerzo es significativo. Además de jugar con el equipo mayor, los refuerzos extranjeros también son contratados para entrenar a las divisiones menores. Así, jugadores como Moisés no solo refuerzan al club, también transmiten su experiencia a los niños franceses que empiezan a conocer el béisbol. “Los venezolanos llegan con otra mentalidad”, agrega Tom. “Para ellos el béisbol es la vida. En cambio, un estadounidense viene a Europa por un año, casi como un paréntesis antes de volver a una vida normal. Por eso creo que aquí apostamos más por los latinos porque dan todo por el deporte”. Iván, el puente En 2019, Iván Acuña llegó desde Venezuela para jugar con los Lions. El club lo apoyó con los trámites de una visa de talento y decidió quedarse. Hoy es entrenador principal y jugador del equipo. “Cuando llegué no sabía nada de la gente, solo lo que veía por redes sociales”, recuerda. “Pero gracias a Dios todo salió como tenía que salir y aquí estamos desde entonces”. Desde 2021, Iván se convirtió en un vínculo entre Francia y Venezuela. “Ese año trajimos dos venezolanos y un dominicano. En 2022, otros dos venezolanos y un dominicano. En 2023, dos venezolanos más y un americano”, dice. Entre esos peloteros está Moisés, con quien el club adelanta trámites para que pueda quedarse en Francia más allá de esta temporada. Iván conoce bien lo que sus compatriotas aportan al béisbol francés: talento, intensidad, otra forma de jugar. Pero también reconoce lo que ellos aprenden aquí. “En Venezuela muchas veces entra el negocio, el dinero, las firmas. Aquí en Francia la gente juega por amor. Lo hacen porque les encanta, y eso es muy bonito”. La diferencia, dice Iván, resume el intercambio: los venezolanos traen su experiencia y ambición, mientras que en Francia descubren otra manera de vivir el juego, más ligera, más apasionada. Esa mezcla se siente en los entrenamientos. Antes de empezar, venezolanos y franceses se reúnen en el campo. Entre bromas y risas, algunos franceses se animan a hablar en español, y la barrera del idioma se rompe en medio del juego. Para Moisés, esas escenas significan más que un simple partido. “He aprendido a tenerle mucho amor al juego y ahora le tengo muchísimo más gracias a ellos”, dice. “Porque ellos están aquí por amor. Y yo también estoy aquí por amor, pero también porque vivo de esto. Y eso me ha hecho valorar más el béisbol”. Al final, en Savigny, entre voces en francés y en español, el béisbol se convierte en un idioma común. Un lugar donde dos culturas distintas se encuentran y, jugando juntas, aprenden a vivir el deporte de otra manera.
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