Hoy responderemos a una pregunta incómoda: ¿quién se beneficia realmente cuando tú defiendes a capa y espada a un político, a un partido o a una ideología?
Cuando analizamos la anatomía de las discusiones eternas en redes sociales, en familia, con amigos y en las plazas públicas, los datos nos muestran que el ciudadano comun no está participando en un ejercicio democrático; está funcionando, de manera literal, como carne de cañón.
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