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Catolicos en Camino
Tonydu
Santo Evangelio Diario 19 de octubre Mons Enrique Diaz Diaz
OCT 20, 20264 MIN
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Description
San Pablo de la Cruz
Efesios 2, 1-10: “Nos dio la vida en Cristo y nos ha reservado un sitio en el cielo”
Salmo 99: “El Señor es nuestro dueño”
San Lucas 12, 13-21: “¿Para quién serán todos tus bienes?”
El Evangelio de Jesús es anuncio y testimonio de la fe. Es instrumento y fuente imprescindible para educarse en ella y comprometerse con la vida diaria, con las situaciones de justicia y con el derecho de todos los humanos a una vida digna. Pero los discípulos de Jesús si por una parte anunciamos el Evangelio, por otra, muchas veces aparecemos como débiles a la hora de un compromiso social serio. El íntimo vínculo que existe entre el anuncio del Evangelio y el servicio de la Justicia y la Paz me parece que no está suficientemente desarrollado, como nos reclama el Papa Francisco en la Alegría del Evangelio. El Evangelio de Jesús no solamente está dirigido a responder a una necesidad íntima de una persona o grupo, sino que tiene que ser contribución seria al desarrollo de la justicia y la paz en el mundo. La crisis económica actual ha puesto al descubierto que la avaricia y la codicia han roto los nexos de sentido, separando la economía de su dimensión social en la vida humana. Estos nexos no se podrán reencontrar más que mediante el amor, la fraternidad y la amistad, que se deben expresar no sólo en las relaciones interpersonales, sino también en la vida económica y la vida comercial. El hombre rico de la parábola se siente cercano a Dios y satisfecho con su riqueza y en ello cifra todos sus éxitos. Pero es muy importante que la comunidad de los discípulos se muestre como una fraternidad, un cuerpo, el Cuerpo de Cristo. La comunidad ya es un anuncio del Evangelio de Dios. A la hora de vivir el Evangelio con frecuencia separamos el amor y la justicia, el camino de la fe de las realidades sociales y políticas. Es urgente desarrollar una cultura de la solidaridad. Los grandes misioneros, a lo largo de los siglos, supieron unir el anuncio audaz del Evangelio de Cristo y el compromiso con los pobres. A menudo sus gestos decían más que sus palabras. ¿Cómo estamos viviendo esta dimensión del Evangelio que nos abre a las necesidades de los demás? ¿Nos encerramos en nosotros mismos para conformarnos con que nuestros graneros estén repletos? ¿Tendremos nosotros también que escuchar las palabras de Jesús: “Insensato el que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios”?

