Santo Evangelio Diario 22de octubre Mons Enrique Diaz Diaz

OCT 22, 20264 MIN

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22 Octubre San Juan Pablo II Efesios 3, 14-21: “Que arraigados y cimentados en el amor, queden ustedes colmados con la plenitud misma de Dios” Salmo 32: “Dichoso el pueblo escogido por Dios” San Lucas 12, 49-53: “No he venido a traer la paz; sino la división” Dífícil el texto de este día. Seguramente quedarán resonando en nuestra mente algunas dudas y cuestionamientos sobre cuál será el verdadero significado de fuego, de guerra o de paz y de divisiones. Quizás si tomamos también la primera lectura que nos ofrece hoy San Pablo cuando habla a los Efesios, se nos empezará a esclarecer por una parte la profundidad de este mensaje y por otra la radicalidad de la misión de Jesús. San Pablo nos hace la invitación a “comprender la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo y a experimentar ese amor que sobrepasa todo conocimiento humano”. Quien entiende y vive el amor, puede comprender que no habrá indiferencia ante la presencia y el amor de Jesús. Es un fuego interior que aunque nosotros no queramos tendremos que manifestar; es una radical decisión de vivirlo aunque nos lleve a situaciones difíciles; es una opción por seguir a Jesús que no admite componendas. Por eso, Jesús define su vida como un fuego que arrasa, que incendia. No soporta un mundo gélido e indiferente ante la situación que padecen los pequeños que sufren, que están adoloridos y que son despreciados. Es un fuego que no puede esconderse. Cuando se pretende hacerlo, aunque un momento pareciera desaparecer, vuelve a resurgir con mayor fuerza y vivacidad. ¿Nos dejaremos quemar y contagiar por ese amor ardiente de Jesús? ¡Qué diferente a la actitud apocada y tibia que manifestamos muchos de sus discípulos, como si el Evangelio fuera una opción muy secundaria que pudiera esconderse o dejarse para otro tiempo. No, a Jesús no le importa que su amor le acarree contratiempos y acusaciones. No lo detiene el que sus propios parientes, para no comprometerse, digan que está loco. No se echa para atrás cuando sus más cercanos amigos parecen dejarlo solo. Y ¿nosotros? ¿Qué tan en serio nos tomamos su Evangelio? Y nosotros ¿de qué somos capaces para vivir y difundir su Evangelio? Tenemos que sumergirnos en este amor infinito y dejarnos invadir de ese fuego que no se apaga. Inflamémonos de amor de Jesús.