El Señor Está Cerca

Granos de Vida

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"El Señor Está Cerca" es un devocional diario con meditaciones bíblicas para cada día. Este podcast es un audiolibro basado en la edición impresa del mencionado devocional. Si quieres adquirir el tuyo, por favor contáctate con el distribuidor de tu país: www.granosdevida.cl/esec Este devocional es un recurso de www.granosdevida.cl

Recent Episodes

OCT 24, 2026
Sábado 24 de Octubre de 2026 / Pedro y su Señor (6) Tres enramadas
Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Mateo 17:4 Pedro y su Señor (6) Tres enramadas Pedro, Santiago y Jacobo fueron escogidos por el Señor Jesús para estar con él en tres ocasiones importantes: 1. Cuando resucitó a la hija de Jairo (véase Lc. 8:51). 2. Durante su transfiguración en el monte (véase Mt. 17:1). 3. En la angustia del huerto de Getsemaní (véase Mt. 26:37). Fue un privilegio único ser testigos escogidos del poder, la gloria y los sufrimientos de Cristo. En el monte de la transfiguración, estos tres discípulos contemplaron con sus propios ojos la “majestad” –la gloria real– de Cristo. En realidad, se trataba de un anticipo del reino milenial de Cristo (véase 2 P. 1:16-18). Sin embargo, incluso en una escena tan sublime, Pedro reflejó el carácter de la naturaleza carnal al hablar con imprudencia. Uno de los problemas de Pedro era que no pensaba antes de hablar. De hecho, Lucas nos dice que habló “no sabiendo lo que decía” (Lc. 9:33). Emocionado al encontrarse en presencia de dos grandes héroes del pueblo judío, Pedro propuso levantar tres enramadas para ellos. Pensó, quizás, en tres enramadas (o tabernáculos) para celebrar la Fiesta de los Tabernáculos (véase Lv. 23:42). Si bien tenía razón en que los tabernáculos representaban el reino del Mesías, él se equivocó al poner a Cristo a la misma altura que Moisés y Elías. Anteriormente, Pedro había confesado correctamente que Jesús es el Hijo del Dios viviente, y lo hizo por revelación del Padre. Ahora, en el “monte santo”, la voz del Padre lo interrumpió: “Este es mi Hijo amado… a él oíd” (Mt. 17:5). La Ley (Moisés) y los profetas (Elías) solo daban testimonio de Cristo; eran consiervos, al igual que Pedro. Años después, cuando Pedro escribió sobre este episodio, él repitió las palabras del Padre, pero omitió las suyas (véase 2 P. 1:17). Había aprendido que, cuando no sabemos qué decir, lo más sabio es guardar silencio. Brian Reynolds
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OCT 23, 2026
Viernes 23 de Octubre de 2026 / No hay acuerdo entre Dios y los ídolos
Cuando se hallare en medio de ti… hombre o mujer que haya hecho mal… que hubiere ido y servido a dioses ajenos… quitarás el mal de en medio de ti. Deuteronomio 17:2-3, 7 No hay acuerdo entre Dios y los ídolos Esta enseñanza nos recuerda que no puede haber comunión entre Dios y la idolatría. El apóstol Pablo lo expresó con contundencia a los corintios: “Lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios. No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios” (1 Co. 10:20-21). Más adelante, reforzó el mismo principio: “¿Qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos” (2 Co. 6:16-17). Esto fue exactamente lo que hicieron los creyentes de Tesalónica. Se habían convertido “de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Ts. 1:9-10). Ser cristiano es, por definición, vivir en separación de toda forma de idolatría. No se puede adorar a Dios y a los ídolos: o se es adorador del Dios vivo y verdadero, o se está envuelto en idolatría. Ambas cosas son absolutamente incompatibles. La idolatría es una de las obras de la carne (véase Gá. 5:20). Aunque en muchos lugares del mundo moderno no haya ídolos tallados visibles, no por eso estamos libres de este peligro. Idolatría es todo aquello que ocupa de reverencia o adoración que solo le corresponde solo a Dios. Pablo expresó esto claramente: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros… avaricia, que es idolatría” (Col. 3:5). Muchas cosas pueden convertirse en ídolos en nuestros pensamientos o acciones. Por eso, el llamado sigue siendo el mismo: “Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones” (1 P. 3:15). “Hijitos, guardaos de los ídolos” (1 Jn. 5:21). Alexandre Leclerc
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OCT 21, 2026
Jueves 22 de Octubre de 2026 / Tito (2)
Dios… nos consoló con la venida de Tito… también con la consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me regocijé aún más… por el gozo de Tito, que haya sido confortado su espíritu por todos vosotros… su cariño para con vosotros es aun más abundante, cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros, de cómo lo recibisteis con temor y temblor. 2 Corintios 7:6-7, 13, 15 Tito (2) Portador de noticias para los corintios Pablo había escrito la carta correctiva que conocemos como 1 Corintios con profunda aflicción, angustia de corazón y muchas lágrimas. Tiempo después, envió a Tito –uno de sus fieles colaboradores en la obra del Señor– a Corinto, con el propósito de conocer cómo había sido recibida su carta. En su segunda Epístola, Pablo relata cómo aguardaba con gran inquietud noticias de Tito en Troas. Al no encontrarlo allí, decidió continuar su viaje hacia Macedonia (véase 2 Co. 2:12-13). Ya en Macedonia, se hallaba abatido, rodeado de conflictos externos y asediado por temores internos. Sin embargo, en medio de esta carga, Dios lo consoló con la llegada de Tito y alentador informe que traía consigo. Dios había animado y utilizado a este joven hermano Dios había animado y utilizado a este joven hermano –encomendado con una misión particularmente difícil. No es cosa menor, ni entonces ni ahora, que un hermano de otra localidad sea enviado a ayudar en medio de una situación difícil en una iglesia local. Quien vaya con confianza en sí mismo, pronto demostrará su inutilidad para ser de verdadera ayuda. El Señor había usado la carta de Pablo para producir en los creyentes de Corinto una tristeza piadosa, la cual los condujo al arrepentimiento. Esa tristeza según Dios había dado fruto: diligencia, pureza, indignación, temor y un vehemente deseo de hacer lo correcto. Pablo podía ahora declarar que estaban limpios en cuanto a ese asunto. Ahora se alegraba con Tito, apreciando así la actitud de la iglesia de Corinto. La obediencia de ellos a la Palabra y la manera en que recibieron a Tito hizo que el amor de Pablo por ellos aumentara aún más. Eugene P. Vedder, Jr.
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OCT 21, 2026
Miércoles 21 de Octubre de 2026 / La expresión “No temáis” en el Evangelio según Lucas (1)
Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Lucas 1:13 La expresión “No temáis” en el Evangelio según Lucas (1) Zacarías y Elisabet eran “justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (v. 6). Eran precisamente el tipo de personas a las que se refería el profeta Malaquías al final del Antiguo Testamento: “Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre” (Mal. 3:16). Ese día no parecía estar más cerca cuatrocientos años después de esa profecía. El trono de David seguía usurpado: Herodes, un idumeo, reinaba como “rey de Judea” (v. 5). A nivel personal, los fieles tenían sus propias decepciones: Zacarías y Elisabet “no tenían hijo… y ambos eran ya de edad avanzada” (v. 7). El camino de la fe nunca es fácil, porque vivimos en un mundo marcado por el pecado. Dios quiere que sintamos nuestra debilidad para que dependamos más profundamente de él. Es probable que Elisabet hubiera aprendido a dejar en las manos del Señor su anhelo no cumplido, pero Zacarías todavía oraba por un hijo (v. 13). Qué significativo, entonces, que la respuesta divina llegara precisamente cuando le correspondía a Zacarías oficiar “a la hora del incienso” (v. 10). Fue el momento señalado por Dios. Él se movía con paciente gracia hasta que llegara el “cumplimiento del tiempo” para enviar “a su Hijo” (Gá. 4:4). En los tratos de Dios con Israel, los ángeles desempeñaban un papel importante (véase Hch. 7:53; Gá. 3:19; He. 2:2). Sin embargo, Zacarías se sorprendió al encontrarse con uno en el templo. Por eso, el saludo de Gabriel, tan propio del evangelio de Lucas, fue tan necesario y consolador: “No temas”. Fue un estímulo maravilloso, que lo animaba a creer en la promesa de que su esposa daría a luz al precursor del Mesías. ¡Aprendamos nosotros también a confiar en Dios! Simon Attwood
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OCT 20, 2026
Martes 20 de Octubre de 2026 / Meditaciones sobre el Salmo 119 (2)
Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca. Salmo 119:13 Meditaciones sobre el Salmo 119 (2) Si el Señor nos muestra algo en su Palabra –una nueva luz, una verdad que nos impresiona– no suele ser solo para nuestro beneficio individual. Sí, en primer lugar es para nosotros personalmente, pero no deberíamos guardarlo solo para nosotros. ¿No deberíamos compartirlo con otros? Y preferiblemente, hacerlo cara a cara. Vivimos en tiempos en los que basta con pulsar un botón para compartir un pensamiento bíblico con cientos de personas en redes sociales. Pero hay algo especial y necesario en hablar unos con otros directamente y decir: «Esta mañana he encontrado algo muy valioso en la Palabra de Dios, y me gustaría compartirlo contigo». Puede ser con una sola persona, con nuestra familia o con un grupo de personas. Nuestros labios han de declarar los juicios de Su boca. Eso fue precisamente lo que hizo el Señor Jesús. En el Salmo 40 –una profecía mesiánica– encontramos estas palabras: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón. He anunciado justicia en grande congregación; he aquí, no refrené mis labios, Jehová, tú lo sabes. No encubrí tu justicia dentro de mi corazón; he publicado tu fidelidad y tu salvación; no oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea” (Sal. 40:8-10). Primero, la Ley estaba en su corazón. Pero no quedó allí: la anunció públicamente. Vemos lo mismo en el Salmo 119. Antes de que podamos compartir la Palabra con otros, esta debe ser preciosa para nuestras propias almas. No podemos dar lo que no hemos recibido. Un ejemplo ilustrativo lo hallamos en el libro de Rut. Ella espigó en el campo, comió de lo recogido, y luego, después de saciarse, llevó parte de ello a su suegra (véase Rut 2:18). A primera vista podríamos pensar que fue egoísta al comer primero. Pero, espiritualmente hablando, no hay otra forma: solo después de haber sido nosotros mismos alimentados con la Palabra de Dios, podemos alimentar a otros. Tiene que ser nuestro propio alimento antes de convertirse en el sustento de alguien más. Michael Vogelsang
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