<p>Sean bienvenidos y bienvenidas a la octava temporada de Epistolar. Estamos muy felices por este reencuentro con nueva música, nuevos lectores y, por supuesto, nuevas cartas que queremos compartir con vos. La música que estás escuchando es una creación original para el podcast de José Ferrufino, músico y amigazo de la casa. Pero basta de prólogos y vamos al episodio de hoy. Paul Celan fue uno de los grandes poetas de la segunda mitad del siglo XX. Desarrolló un lenguaje profundamente innovador, forjado en un duro periplo por la Europa de la Segunda Guerra Mundial. Vivió en carne propia la ocupación nazi y la soviética. Perdió a sus padres en campos de concentración y él mismo sobrevivió a trabajos forzados. Pese a todo, decidió seguir escribiendo en alemán, la lengua de sus verdugos, porque sostenía que era la única forma de expresar la verdad de su experiencia. En medio de tanto horror, nosotros elegimos una carta de amor del poeta fechada en 1952. Celan vive en París y le escribe a la mujer que ama, la artista Gisèle Lestrange, a quien llama cariñosamente Maia. En esta carta intenta —y vaya si lo logra— nombrar una sensación extraña que muchos hemos tenido alguna vez: la de avanzar hacia el amor mientras detrás de nosotros se cierran las puertas de un mundo hostil. “Un segundo que inaugura el tiempo”, dice él. Lee el actor Osqui Guzmán.</p><p>***</p><p>París, 7 de enero de 1952, a las diez</p><p> Maia, amor mío, quisiera poder decirte cuanto deseo que todo esto permanezca, permanezca para nosotros, permanezca para siempre. Mira, tengo la impresión al ir hacia ti, de dejar un mundo, de oír a las puertas dar portazos a mis espaldas, puertas y puertas, porque son numerosas las puertas de este mundo hecho de malentendidos, de falsas claridades, de engaños. Tal vez queden otras puertas aún para mi, tal vez no he vuelto a cruzar aún la explanada en la cual se despliega esta red de signos que me lleva lejos. Pero yo voy en camino, me escuchas, me estoy acercando, el ritmo -puedo sentirlo- se acelera, los fuegos engañosos se apagan uno tras otro, las bocas mentirosas se cierran sobre su saliva -nada de palabras, nada de ruidos, nada que acompañe mi paso-. Estaréahí, a tu lado, dentro de un instante, dentro de un segundo que inaugurará el tiempo.</p><p>Paul</p>

Epistolar

Antología de lo íntimo

Carta de amor de Paul Celan (Lee Osqui Guzmán)

MAR 25, 20264 MIN
Epistolar

Carta de amor de Paul Celan (Lee Osqui Guzmán)

MAR 25, 20264 MIN

Description

<p>Sean bienvenidos y bienvenidas a la octava temporada de Epistolar. Estamos muy felices por este reencuentro con nueva música, nuevos lectores y, por supuesto, nuevas cartas que queremos compartir con vos. La música que estás escuchando es una creación original para el podcast de José Ferrufino, músico y amigazo de la casa. Pero basta de prólogos y vamos al episodio de hoy. Paul Celan fue uno de los grandes poetas de la segunda mitad del siglo XX. Desarrolló un lenguaje profundamente innovador, forjado en un duro periplo por la Europa de la Segunda Guerra Mundial. Vivió en carne propia la ocupación nazi y la soviética. Perdió a sus padres en campos de concentración y él mismo sobrevivió a trabajos forzados. Pese a todo, decidió seguir escribiendo en alemán, la lengua de sus verdugos, porque sostenía que era la única forma de expresar la verdad de su experiencia. En medio de tanto horror, nosotros elegimos una carta de amor del poeta fechada en 1952. Celan vive en París y le escribe a la mujer que ama, la artista Gisèle Lestrange, a quien llama cariñosamente Maia. En esta carta intenta —y vaya si lo logra— nombrar una sensación extraña que muchos hemos tenido alguna vez: la de avanzar hacia el amor mientras detrás de nosotros se cierran las puertas de un mundo hostil. “Un segundo que inaugura el tiempo”, dice él. Lee el actor Osqui Guzmán.</p><p>***</p><p>París, 7 de enero de 1952, a las diez</p><p> Maia, amor mío, quisiera poder decirte cuanto deseo que todo esto permanezca, permanezca para nosotros, permanezca para siempre. Mira, tengo la impresión al ir hacia ti, de dejar un mundo, de oír a las puertas dar portazos a mis espaldas, puertas y puertas, porque son numerosas las puertas de este mundo hecho de malentendidos, de falsas claridades, de engaños. Tal vez queden otras puertas aún para mi, tal vez no he vuelto a cruzar aún la explanada en la cual se despliega esta red de signos que me lleva lejos. Pero yo voy en camino, me escuchas, me estoy acercando, el ritmo -puedo sentirlo- se acelera, los fuegos engañosos se apagan uno tras otro, las bocas mentirosas se cierran sobre su saliva -nada de palabras, nada de ruidos, nada que acompañe mi paso-. Estaréahí, a tu lado, dentro de un instante, dentro de un segundo que inaugurará el tiempo.</p><p>Paul</p>