Consideremos el motivo de representación para un artista la de un niño llorando: nuestro pintor tendrá mas posibilidades de acertar si opta por un niño bueno y mono antes que por uno feo y con cara de malo. El llanto no deberá ser chillón o histérico, de esos que generan molestia, sino un sollozo callado y dulce. El niño lloroso debe provocar simpatía, suscitar una reacción protectora. Debemos sentirnos seguros y como dos viendo la imagen, de modo que el pintor deberá eliminar toda referencia a una realidad desagradable o turbadora, y mostrar solo cosas que podemos comprender fácilmente y con las que podemos identificarnos.
Así es el arte KITSCH, un término surgido en Europa en la segunda mitad del siglo XIX que no apela a las idiosincrasias individuales, sino a imágenes universales con una carga emocional claramente inter-subjetiva. El kitsch es un arte que confirma nuestras creencias y nuestros sentimientos básicos, no los altera ni los pone en duda.
El epíteto 'kitsch' se ha usado como sinónimo de arte sin valor, indecencia artística o, simplemente, arte de mala calidad. Pero, sin duda, no toda obra mala se considera kitsch. El kitsch no es simplemente un fracaso artístico, una obra que por el motivo que sea no salió bien. Hay algo especial en el kitsch que lo distingue del resto del arte de mala calidad: el kitsch atrae, gusta a mucha gente, es un sentir popular y colectivo. Hoy compartirnos con ustedes ideas acerca de esta peculiar forma de manifestación artística.