"Play it, Sam... Play 'As Time Goes By'", es lo que Ilsa Lund (Ingrid Bergman) le pide a Sam (Dooley Wilson), el pianista y escudero que todos querríamos tener, ya no en nuestro local, sino en nuestra vida, y es además una de las frases más célebres de este Clásico del cine en blanco y negro dirigido por Michael Curtiz, que en 1943 se llevó tres estatuillas en las categorías de Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión Adaptado -esto último gracias a la labor de Julius y Philip Epstein, así como de Howard Koch, que supieron ensalzar la obra teatral escrita por Murray Burnett y Joan Alison-. Pero Casablanca es mucho más que eso, y tanto su leyenda como su mito van, no cabe duda, más allá de los galardones recibidos. Entre otros motivos, porque además de formar parte de una época e incluso de una generación, ha sobrevivido, imperecedera y atemporal, al paso del tiempo. Y eso ya, de por sí, la hace única. Quizá también por el halo que la envuelve, porque empezaron a rodarla sin saber cómo acabaría; porque fueron (re)escribiendo el guión conforme grababan; porque se fue creando, perfeccionando, puliendo, sobre la marcha.
¿Es Casablanca la mejor película de la historia del cine? Puede ser. Posiblemente lo sea, aunque esto no va de rankings, sino de gustos, y es el espectador quien debe responderse a la pregunta. Y aun así, lo que resulta innegable, lo que todo amante del cine confirma, suscribe o reafirma cuando la ve, es que se trata de una historia de personajes. De hombres y mujeres que nos son familiares por su cinismo, su misterio, su vulnerabilidad o heroicidad e incluso por su sarcasmo y comicidad; por sus conflictos; porque, a su modo, no se dan por vencidos, y aunque el mundo se derrumbe, ellos no dejarán de enamorarse. Con o sin París como telón de fondo; con o sin Rick's.
Y en este episodio, hablamos sobre eso, sobre las diferencias entre amar y querer; sobre lo cruel que es a veces el destino cuando "de todos los cafés y locales del mundo, aparece en el mío"; sobre los tiempos convulsos que no censuraban el arte, sobre las frases de guión que han quedado en nuestra memoria, imborrables, y no nos cansamos de repetir ni de interpretar; sobre el sentimentalismo envuelto en cinismo o sobre los ideales y el pecar, precisamente, de exceso de idealismo, y todavía más en un capítulo en que la directora empieza cual correcaminos, un poco acelerada -quizá por exceso de ganas- y Pedro y Vicen aguantan como estatuas la verborrea de 'bienvenida' y, por tanto, inicial. Con risas aseguradas, por supuesto, y manteniendo intacta nuestra esencia tan disfrutona como cinéfila.
De modo que pasen, sean bienvenidos y diviértanse en nuestra compañía.
Gracias, hoy y siempre, por escucharnos desde el otro lado.
Piezas musicales:
- "Ain't nobody else but you" compuesta por Chris Shards.
- "Just as soon" compuesta por Kevin MacLeos bajo licencia de Creative Commons Attribution.