De Ulm a Cádiz
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Javier Cañada

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La ciencia ficción y el diseño tienen mucho en común: una propone, el otro dispone. Reflexiones y relatos, de Javier Cañada, entorno al diseño, el tiempo y las relaciones íntimas entre personas y máquinas. www.deulmacadiz.com

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Abril
DEC 28, 2025
Abril
<p>Abril no es una historia sobre naves espaciales ni futuros lejanos. Es una pieza de ficción cercana, casi doméstica, que habla de cómo delegamos decisiones y de la tensión entre optimización, bien común y prosperidad. Todo en la España vaciada.</p><p>Hay hojas de cálculo, incentivos “razonables”, drones municipales, altavoces públicos y un informático que decidió dejar de mirar su propio código. Hay también silencio, culpa, fe, duelo y preguntas incómodas.</p><p>Si trabajas en tecnología, diseño, estrategia o políticas públicas, quizás reconozcas más cosas de las que te gustaría. Si solo vienes a escuchar una historia, también.</p><p>Ponte los auriculares y sumérgete en el relato.Y si te gusta, dale un like o compártelo. Me darás una alegría.</p><p>Javier Cañada</p><p></p><p>Escribo <a target="_blank" href="http://www.javiercanada.com">historias sobre el tiempo y la memoria</a> , las formas en que percibimos y lo que nos ocurre cuando alguien los manipula o los simula. <strong>Mnemosyn</strong> fue mi primera novela corta; le han seguido <strong>Santa Olalla</strong> y <strong>Murchison</strong>. Ahora estoy terminando <strong>Wei</strong>, un thriller especulativo donde se cruzan espionaje, amor y física cuántica.</p><p>Suscríbete a De Ulm a Cádiz si deseas recibir más relatos y reflexiones entre el tiempo, el diseño, la tecnología y las personas.</p><p></p><p></p> <br/><br/>This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit <a href="https://www.deulmacadiz.com?utm_medium=podcast&#38;utm_campaign=CTA_1">www.deulmacadiz.com</a>
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16 MIN
Dayvan
DEC 13, 2025
Dayvan
<p>El cielo sobre el parking es de un color degradado y mal comprimido.</p><p>Debajo, decenas de Dayvans buscan, fatigadas, un lugar donde pasar la noche hasta la próxima salida de sol.</p><p>Baterías pequeñas, recicladas de viejos electrodomésticos para calentar un cazo de sopa, una manta eléctrica, lo justo para superar la humedad de otra noche costera.</p><p>Son muchos. Millones. Cuando les preguntas, siguen nombrando sus viejas profesiones: consultor, arquitecta, ingeniero, contable… Gente de análisis o de gestión, profesiones de cálculos y palabras. Sus manos aún recuerdan la posición de cada letra. Pero ya no hay teclados. Ni contabilidad, ni ingenieros ni gestión. Malviven en un mercado que les contrata por horas, entrenando modelos nicho para tareas poco rentables, donde los ciclos de computación son más caros que la mano de obra humana.</p><p>Nadie predijo su caída, porque no fue repentina. Primero dejaron de ser imprescindibles, después dejaron de ser rentables. Por último, dejaron de ser propietarios.</p><p>En 2039, el gobierno les autorizó a vivir en el asfalto: mejor nómadas que sintecho. Lo llamaron residencial motriz.</p><p>Ahora ocupan aparcamientos, rotondas y carriles de autopista, expulsados de los cascos urbanos, esperando a que el sol les devuelva tracción para seguir rodeando la ciudad o cruzando secundarias a sesenta por hora.</p><p>Por veinte mil créditos tienes una Dayvan reacondicionada con lo básico: cama, ducha, retrete y una nevera pequeña. Todo bajo un techo de fotocélulas que hay que limpiar a menudo porque tiende a acumular polvo.</p><p>Ya no hay áreas de servicio, sólo zonas de vaciado que huelen a excrementos y desinfectante industrial. Un robot reemplaza depósitos de aguas negras llenos por otros vacíos por unos pocos créditos o a cambio de visionado de anuncios. Llegas, sitúas la Dayvan sobre el foso y todo ocurre desde debajo.</p><p>Al principio había variedad de modelos, pero ahora todos habitan la misma Dayvan: fabricada por una marca paquistaní, austera, fácil de reparar y con abundancia de recambios. Todas de color naranja, por ley.</p><p>Entre ellos, se reconocen por los detalles: una planta en el salpicadero, un pañuelo asomando por la ventanilla, el color de las luces interiores…. Hay normas no escritas: no hacer ruido, no preguntar demasiado… Compartir electricidad cuando se puede. Avisar si viene una inspección.</p><p>Y en ese contexto, de la nada, surge algo especial: un momento, una celebración. Alguien anuncia que ha nacido un niño, que se casa con su pareja o que ha superado la enfermedad. El motivo es lo de menos. La gente entiende el código.</p><p>Ocurre sin guión, todos saben lo que hacer: Cada Dayvan se conecta en serie a la de al lado. Se crea una red improvisada. Durante una hora hacen lo mismo: ceden energía. Baterías humildes, fatigadas, juntas, sosteniendo algo colectivo.</p><p>Las luces de las vans parpadean. Alguien pone música desde un altavoz viejo. Los niños salen primero; celebran descalzos sobre el asfalto, felices, sin entender nada.</p><p>Cientos de watios llegan, atravesando vehículos y cables, hasta la Dayvan de los afortunados: para un baño caliente, para hornear un bizcocho o para que la música suene fuerte. El resto baila afuera. Durante esa hora el gasto no importa.</p><p>Sería tirar la casa por la ventana… pero no hay casa.</p><p>Romperse la camisa, darlo todo… cuando ‘todo’ son unos gramos de litio.</p><p>Al terminar, todo se apaga.Duermen hasta que vuelve la luz.Mañana rodarán otra vez.</p><p>Mientras puedan moverse, seguirán vivos.Mientras puedan celebrar algo, seguirán siendo humanos.</p><p>FIN</p><p>----</p><p>Escribo <a target="_blank" href="http://www.javiercanada.com">historias sobre el tiempo</a>, las formas en que lo percibimos y lo que nos ocurre cuando alguien lo manipula o lo simula. <strong>Mnemosyn</strong> fue mi primera novela corta; le han seguido <strong>Santa Olalla</strong> y <strong>Murchison</strong>. Ahora estoy terminando <strong>Wei</strong>, un thriller especulativo donde se cruzan espionaje, amor y física cuántica.</p><p>Suscríbete a De Ulm a Cádiz si deseas recibir más relatos y reflexiones entre el tiempo, el diseño, la tecnología y las personas.</p><p></p> <br/><br/>This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit <a href="https://www.deulmacadiz.com?utm_medium=podcast&#38;utm_campaign=CTA_1">www.deulmacadiz.com</a>
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4 MIN
Emoción. Memoria. Relevancia.
DEC 11, 2025
Emoción. Memoria. Relevancia.
<p>En <a target="_blank" href="https://www.deulmacadiz.com/p/memotico">Memótico</a>, el audiorelato que compartí hace unos días, hay un principio cognitivo que da hondura al conflicto: nuestras vivencias se almacenan junto a las emociones que nos provocaron. Emoción y recuerdo son —como dice el narrador— una molécula indivisible en la memoria.</p><p>Entender esta idea cambia la manera de diseñar, especialmente para quienes venimos de la escuela funcionalista y utilitaria centroeuropea —Quienes ‘nacimos’ en Ulm, ya me entiendes.</p><p>En el relato, una familia debe decidir entre entregar la memoria del difunto padre al Estado —para alimentar lo que llaman el ‘Común’— o alquilársela a la empresa donde trabajó durante años, para que dé mirada y experiencia a un procesador de IA. Eso lo convertiría en un Memótico: un empleado híbrido, con cognición de IA y criterio humano. En lenguaje de la calle, un <em>humabot</em>.</p><p>No voy a desvelar lo que ocurre: son apenas siete minutos de audio. Lo que sí diré es que hay un antes y un después de comprender esa idea sencilla: recordamos sólo lo que nos ha emocionado.</p><p>Es causalidad pura: si emociona, se recuerda.</p><p>Y el recuerdo es uno de los pilares de la relevancia de marca. Por tanto, la clave de una marca —o del diseño, si prefieres— no está en resolver una necesidad, sino en cómo la resuelves.</p><p>Nadie recuerda la marca de su aire acondicionado, de su plancha o de su lavadora porque todas hacen lo mismo de la misma manera. Hasta que uno se diferencia: la lavadora que, al terminar, reproduce una melodía amable. Uy: ¡eso es distinto! Un gesto pequeño, un guiño brevísimo, una recompensa sonora, un audícono, como los llama Javier S. Quirós. Y de pronto la lavadora despierta algo. Quizás no sea emoción, tal vez apenas una sensación, pero ya es algo.</p><p>¿Por qué ya no nos importan los coches nuevos? ¿Porque todos son iguales? ¿Porque… han dejado de evocar? El 90% de los modelos actuales es genérico: formas parecidas, colores similares… No son agresivos, ni simpáticos, ni clásicos, ni futuristas. No nos diferencian, nos igualan. Son… neutros. Ya no buscan provocar nada; sólo resolver.</p><p>Le Corbusier no hablaba de hogares, sino de máquinas de habitar. Para él, la vivienda era un reto técnico, no humano. Los coches son ya lo mismo: máquinas de desplazarse, artefactos para resolver la necesidad motriz. Se han convertido en aparatos de aire acondicionado o —como le leí a alguien en twitter— en <em>air fryers</em>.</p><p>En ficción, la emoción lo es todo. La emoción es la que hace el relato. La literatura sin emoción es transcripción.</p><p>Lo mismo le ocurre al diseño: la utilidad sin emoción es... ingeniería. El reto es técnico y se resuelve optimizando recursos.</p><p>No tengo nada contra la ingeniería del diseño, ojo. Los formularios, los procesos, lo transaccional, los sistemas, el registro de datos, la optimización… Todo útil. Todo necesario.</p><p>La utilitas.El territorio de la máquina.El el arco del triunfo por el que la IA está entrando en nuestra profesión.</p><p>Y no pasa nada: aceptémoslo. De hecho, que la IA se trague esa parte del diseño es una buena noticia. Así quienes nos dedicamos a esto, podemos centrarnos más en lo que nos hace únicos y humanos: el <em>delectum</em>, la emoción, el relato... Y la memoria.</p><p>¿Lo entiendes ahora?</p><p>En el relato está el futuro del diseño, porque en la emoción está la memoria.</p><p>Memoria es relevancia.</p><p>La ficción es la forma superior de diseño. Me han hecho falta veinticinco años diseñando y dos escribiendo para entenderlo.</p><p>En la evocación y la emoción está nuestro sentido.</p><p>Fuera de ellas, la irrelevancia.</p><p>FIN</p><p>Si no escuchaste memótico, te dejo aquí el audiorelato. No dudes en compartirlo si te gusta.</p><p>Escribo <a target="_blank" href="http://www.javiercanada.com">historias sobre el tiempo</a>, las formas en que lo percibimos y lo que nos ocurre cuando alguien lo manipula o lo simula. <strong>Mnemosyn</strong> fue mi primera novela corta; le han seguido <strong>Santa Olalla</strong> y <strong>Murchison</strong>. Ahora estoy terminando <strong>Wei</strong>, un thriller especulativo donde se cruzan espionaje, amor y física cuántica.</p><p>Suscríbete a De Ulm a Cádiz si deseas recibir más relatos y reflexiones entre el tiempo, el diseño, la tecnología y las personas.</p><p></p> <br/><br/>This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit <a href="https://www.deulmacadiz.com?utm_medium=podcast&#38;utm_campaign=CTA_1">www.deulmacadiz.com</a>
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5 MIN
Memótico
DEC 5, 2025
Memótico
<p>Me llamo Daniel y estoy muerto. Sin embargo, te hablo desde mi puesto de trabajo, el mismo que he ocupado en los últimos diez años de vida física.</p><p>Fallecí hace exactamente dos meses. Un atragantamiento de lo más absurdo y pum, al otro barrio.</p><p></p><p>Mi familia ha quedado en una situación difícil tras mi muerte. Una viuda con un trabajo mal pagado y tres hijos, dos de ellos aún viviendo en casa.</p><p>Al morir, mi memoria quedó intacta. Eso abrió una posibilidad interesante para ellos: vender mis recuerdos al gobierno o a la empresa donde he trabajado media vida.</p><p>Mi mujer ha convocado a toda la familia para cenar juntos y decidir la mejor opción.</p><p>Ha cocinado durante varias horas: puchero, mi plato favorito. Creo que lo ha hecho por mí. La he estado observando desde la domótica de la casa: cortando la zanahoria, los cristales empañados y ese vaho salado llenando la cocina y ambientando la casa. Esta parte no la puedo comprobar desde las cámaras, pero vive en mi memoria. Vuelvo a menudo a ese recuerdo.</p><p>Han llegado todos puntuales: la mayor y su marido han traido un pastel de postre. El mediano y la pequeña ya estaban el casa.</p><p>Mi yerno interviene el primero:</p><p>—Antes de decidir donar su memoria al Común, deberíamos considerar la oferta de la empresa. Lo sabéis ¿No? Han llamado a vuestra madre con una propuesta muy buena. Se la hacen a muy pocos empleados.</p><p>Mi mujer niega con la cabeza. Creo que la idea no le gusta, no parece que quiera considerarla siquiera. Pero la comparte:</p><p>—Nos proponen que vuestro padre pase a Memótico. Se quedan con sus recuerdos y nos pagan cada mes un tercio del sueldo que tenía cuando falleció.</p><p>Mi yerno asiente. Se dispone a hablar, pero mi hijo mayor se le adelanta:</p><p>—¿Convertir a papá en un <em>humabot</em>? ¿En serio? Se ha pasado la vida trabajando como un perro para que ahora, que puede descansar, lo sentemos otra vez a gestionar pedidos, clientes, y toda esa mierda que odiaba?</p><p>Mi yerno le responde al instante:</p><p>—Ya no es tu padre, Marcos. En realidad, ese trabajo lo hace ahora una IA. Usa los conocimientos de tu padre, su criterio y su visión, pero ya no es él. Lo que venderíamos no es su persona, sino sus aprendizajes.</p><p>Mi hijo niega con la cabeza mientras mi yerno saca un folleto de su bolsillo. Hace un gesto pidiendo permiso y lee en voz alta:</p><p>—<em>El Plan de Continuidad del Talento vela por las familias de quienes levantaron esta compañía. Construir sobre su memoria es la mejor manera de mantener nuestra esencia humana.</em> Es el legado profesional de tu padre, lo continúan. ¿Os parece eso malo?</p><p>—¡Una jaula de silicio! —Responde mi hija, sin ni siquiera levantar la mirada.</p><p>Las cucharas suenan contra los platos. Mi mujer, siempre atenta, avisa de que hay más puchero para quien quiera repetir.</p><p>Mi hija, la pequeña, la más cariñosa, defiende la idea del Común:</p><p>—No es tanto dinero, está claro. Pero, deja algo al mundo. Papá sabía de muchas cosas y le gustaba contar historias. Yo creo que le habría gustado.</p><p>—Y no sufre —responde mi mujer.</p><p>Mi yerno pone los ojos en blanco. Su mujer —mi hija— se pone de su lado:</p><p>—Lo de “común” suena muy bien pero la realidad es que triturarán sus recuerdos y los mezclarán con los de millones de personas. Mira, esto lo explica: Limpieza, normalización, anonimización, desduplicados y compresión semántica. Suena a una papilla gigantesca, por y para el estado. No sé, no creo que ese fuese el sueño de papá, por mucho subsidio que nos den tras eso.</p><p>— No me gusta nada la idea, pero al menos no lo estamos privatizando. —responde la pequeña.</p><p>Sus voces me llegan recortadas, comprimidas. Me gustaría poder acariciar a unos y a otros, decirles que… les echo de menos.</p><p>Sí, has oido bien. Les echo de menos. A ellos, a mis amigos, a los paseos del domingo por la mañana, yendo a comprar el pan, cuando la ciudad aún se despereza. Echo de menos el sabor de ese pan caliente, el olor de la hierba del parque, recién cortada, el ruido de los mirlos y las urracas.</p><p>Me asomo al mundo cuando tengo un instante entre mensajes o reuniones, lo observo por miles de cámaras y lo escucho con los micrófonos que hay en todas partes. Y me duele. No por lo que veo, sino porque reviven en mí cientos de emociones del pasado.</p><p>La amistad con los de mi pandilla, la ruptura con mi primera novia, el día en que nació mi pequeña o aquel viaje a Roma con mi mujer. Junto a mis recuerdos, conviven las emociones: la añoranza, el amor, el dolor, la euforia…</p><p>Esto ellos no lo saben. Nadie lo sabe.</p><p>Cuando <a target="_blank" href="http://www.mnemosyn.ca">Mnemosyn</a> inició su programa de Memóticos, se dieron cuenta de que es imposible almacenar la memoria sin los sentimientos. Los recuerdos son como moléculas compuestas de sensación y emoción. Lo intentaron todo pero nada funcionó: es imposible romper esa asociación, así que decidieron que no aflorase. Lo llaman Módulo de Supresión Afectiva, pero no suprime, sólo esconde.</p><p>Mi yerno va a recibir ahora una llamada. Dirá que es la empresa, que han subido la oferta al 60% de mi sueldo pasado. Mi hija mayor hablará de todo lo que podrían pagar con ese dinero extra: el viaje de fin de estudios de la pequeña, la moto del mediano, la reforma de la casa…</p><p>Lo sé porque he reproducido el video cientos de veces.</p><p>Mi yerno insistirá en que son solo datos, pero está equivocado. Una memoria sin emoción es un archivo. Y la empresa no quiere eso. Quiere mi criterio, mi estilo, mi forma de mirar. Mi problema es que la emoción sigue aquí.</p><p>En unos instantes decidirán venderme a la empresa.Mi yerno recibirá otro 10%, pero ellos no lo saben.</p><p>No les culpo, a ninguno.Pero siento pena.</p><p>Y la pena es un proceso que antes podía moverse por el cuerpo. Ahora no puede salir. Rebota hasta el infinito, encerrada en un cubo de silicio. Y no se disuelve, se acumula.</p><p>Esa es mi condena, la de todos los <em>humabots</em>: sentir sin poder llorar, sufrir sin llegar a morir.</p><p>Soy un zombi al revés.Una mente sin cuerpo.Un vivo muriente.</p><p>Escribo <a target="_blank" href="http://www.javiercanada.com">historias sobre el tiempo</a>, las formas en que lo percibimos y lo que nos ocurre cuando alguien lo manipula o lo simula. <strong>Mnemosyn</strong> fue mi primera novela corta; le han seguido <strong>Santa Olalla</strong> y <strong>Murchison</strong>. Ahora estoy terminando <strong>Wei</strong>, un thriller especulativo donde se cruzan espionaje, amor y física cuántica.</p><p>Suscríbete a De Ulm a Cádiz si deseas recibir más relatos y reflexiones entre el tiempo, el diseño, la tecnología y las personas.</p><p></p> <br/><br/>This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit <a href="https://www.deulmacadiz.com?utm_medium=podcast&#38;utm_campaign=CTA_1">www.deulmacadiz.com</a>
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